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El fútbol fritanga, corazón y huevos, remolcó a Colombia hacia los cuartos de final del Mundial Sub-20.
Cuando no había orden, táctica, manejo desde el banco, cuando el equipo lucía a la deriva producto de sus malos planteamientos y sus peores interpretaciones defensivas, el amor propio, la testosterona y el pedido de un público que nunca dejó de alentar, que llevó el equipo en andas a un notable estado de excitación, lograron cambiarle la cara a un partido que fue mucho más difícil de lo que se preveía.
Acertó Lara cuando predijo un rival “difícil y peligroso” y nos equivocamos los que veíamos una perita en dulce porque a los ticos les habían hecho nueve goles en la primera fase y habían mostrado muy poco fútbol. Costa Rica jugó muy bien, en defensa se agrupó perfectamente y salió en veloces contragolpes, haciendo magníficas transiciones con Maynor Escoe y John Ruiz por las bandas y con el siempre peligroso Campbell.
Colombia ganó, pero eso no puede tapar las tremendas deficiencias en la defensa y el filtro de recuperación en el mediocampo. Definitivamente Cabezas y Moreno nunca pudieron sincronizar y el ancho de la cancha parece demasiado para dos volantes internos que nunca encuentran en los externos el respaldo defensivo. Con Costa Rica agrupada en el primer cuarto de cancha, Colombia chocó y chocó contra ese frontón porque no hubo quien hiciera el primer pase para romper la línea de presión y porque los ‘solistas ingleses’, Michael y James, lucieron desconectados y ausentes durante largos pasajes.
Claro, la ventaja de tener jugadores desequilibrantes y talentosos es que en cualquier momento se les enciende la lámpara y marcan diferencia. El superpase de Ortega, la gran definición de Muriel, la forma en que James apareció cuando las papas quemaban, se perdía y se jugaba muy mal, para echarse el equipo al hombro con esa suficiencia del crack: “venga, deme esa pelota y vamos a jugar”.
Rodríguez entendió que el partido pedía testosterona, que el fútbol estaba ausente, que el orden táctico se había ido esfumando y que con el ingreso de Duván Zapata eran ‘ollazos’ y a lo que saliera a punta de berraquera. Y así se ganó, con fútbol fritanga.
El penalti fue clarísimo y tan solo dejó incertidumbre que fuera el juez lateral el que lo marcara. Pero, ¿usted qué pensaría si se lo hubieran pitado a Colombia en San José? Ahí les dejo esa cascarita.
A ver si contra México el equipo recupera el orden, los volantes no dejan tantos espacios, no se improvisa en el lateral izquierdo con un jugador que no conoce el puesto y la defensa comete menos fallas. Colombia regaló los dos goles a Costa Rica, fueron errores de bulto.
Se ganó, se baila y se goza, pero se jugó mal y ya es hora de que el equipo haga una presentación redonda y con suficiencia. No siempre va a alcanzar con el publico y las ganas.