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Guardiola

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El retiro de Pep Guardiola de la dirección técnica del Barcelona marca el final de un ciclo. Si antes del partido contra el Chelsea se tenían dudas sobre el futuro, tras la eliminación del mejor equipo del mundo en los últimos años ya no puede quedar incertidumbre, se terminó la historia y el romance. Ahora el Barcelona deberá reinventarse para volver a ser el más grande.

Sólo Guardiola y su familia sabrán los verdaderos motivos por los cuales decidió dejar el equipo culé. Él dice, y a la gente seria como Pep hay que creerle lo que dice, que ya había perdido las ilusiones y tenía el tanque vacío de motivaciones tras conseguir todo lo que se propuso con esta escuadra en estos años, en que brindaron partido a partido, inclusive perdiendo y eliminados, una lección de cómo se juega al fútbol bajo una óptica. Hay otras maneras de jugar, tan válidas en la medida en que ganen, como la de Pep y su equipo, pero a millones de personas en el mundo del fútbol les gusta más esta forma, este estilo.

Guardiola sabía que para reformular al Barcelona es necesario tomar medidas absolutamente antipáticas con quienes fueron sus amigos, compañeros y discípulos. El técnico conoce perfectamente que la hora del adiós para Xavi y Puyol está cercana, que Piqué debe escoger entre el ‘show’ y el fútbol, que los celos internos hacia Messi pueden terminar en problemas graves, que la ‘clase media’ debe ser cedida y traer más obreros de nivel, que es necesario contratar dos defensas centrales, un lateral izquierdo, un atacante con mucho gol, que se requiere una inyección económica para tapar huecos que se detectaron en la parte final de la temporada con las lesiones de Villa, Iniesta, Xavi y la situación del cáncer de Abidal. El Barcelona, como todos los equipos de fútbol del mundo, ganan y pierden y tienen altas y bajas.

No es fácil ser técnico del Barcelona, gestionar un vestuario con inmensos egos, manejar nóminas, adoptar medidas disciplinarias, controlar un entorno monumental y una rivalidad. Pep Guardiola se va y deja un legado de 13 títulos en cuatro años, 176 partidos ganados y tan sólo 20 perdidos, una temporada con seis títulos y otra con cinco; en fin, unos números desbordantes que hablan de un gran técnico y un gran conductor que un día fue leal a sí mismo y a sus convicciones y sintió que ya no había más pita en el carretel.

Pero los hombres pasan y las instituciones quedan… no lo duden un minuto.

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