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Mientras el país piensa en paz, en la Dimayor suenan tambores de guerra. La asamblea general de clubes que se cumplirá esta semana está precedida por virulentas declaraciones de lado y lado y el ambiente no es para nada cordial y conciliatorio. Esa reunión puede terminar muy mal.
De un lado está el llamado G8, que incluye a los equipos con solera y con gruesas chequeras. Nacional, Júnior, Cali, América, Medellín, Tolima, Once Caldas y Millonarios. En ese grupo sobra Tolima, que tiene chequera pero no tiene ni solera ni historia de grande. Con excepción de Ardila en Nacional y Fuad en el Júnior, los otros pertenecen al combo de los nuevos riquitos del fútbol colombiano. Individuos con dinero pero sin ninguna historia en el fútbol. Personas que creen que por tener dinero pueden poner condiciones y cambiar los moldes.
De otro lado están los otros 28, que se alinean en el equipo de las mayorías democráticas pues su voto vale exactamente igual. Como en el país, el voto suyo es igual al de Sarmiento Angulo y el de Fortaleza vale tanto como el de Nacional. Eso se llama democracia y ese es el sistema elegido en el país y en la Dimayor.
Pues bien, ocho equipos quieren cambiar a las buenas o a las malas la repartición de la gruesa tajada de televisión, el sistema del campeonato, el sistema del descenso, la constitución de las autoridades de la Dimayor, poniendo una junta directiva en lugar de un presidente. Estos ocho quieren dar un golpe de estado, cambiar la constitución a la brava, y todo porque ellos son los poderosos y los ricos, los que tienen audiencia y afición, los que ganan títulos.
Lamentablemente para ellos, las normas y la legalidad están a favor de los otros 28, que no van a aceptar ninguna de sus propuestas por una razón: no nacen de un consenso, de una conversación amigable, de un pacto de mayorías. Nacen de una amenaza de escisión, de ruptura, y a la hora de contarse, 28 son más que 8.
El mal llamado “líder del G8” es el presidente del Cali, Álvaro Martínez, cuyo lenguaje ha sido destemplado, arrogante, desafiante. Los otros 28 le miran burlonamente. El fútbol no necesita a Martínez. Martínez sí necesita el fútbol para intentar ser alguien, pues hoy es un don nadie reconocido por sus felonías y traiciones.
Van a salir mal librados los del G8. Les van a quitar los pocos pesitos de más que se ganan por la televisión y los van a poner en las mismas condiciones que los pobres a la hora de inscribir nóminas. Además, el mensaje de Jesurún es claro: la Federación no reconoce rebeliones internas. Así son las cosas y las cuentas.