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Hasta el final

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En medio de la vorágine de las eliminatorias mundialistas, un poco perdido en toda su magnitud, las declaraciones del presidente de la Federación de Fútbol al connotado maestro Yamid Amat, indicando que se estaba investigando un partido de las finales, son toda una bomba, mal trabajada periodísticamente hasta el momento.

Blanco es y gallina lo pone, el juego evidentemente es el choque entre Once Caldas y Chicó, que se definió mediante un penalti que se ‘inventó’ el juez Sebastián Valencia a favor del elenco manizalita. También dijo Bedoya que había existido un intento de soborno por parte del Valledupar, en un lance correspondiente a la Copa Premier. Dos graves acusaciones, dos temas que no pueden quedar impunes, como suele suceder en este país donde decir la verdad es tan peligroso.

Bedoya se jugó una carta por la que tiene que responder. El anuncio de una “severa investigación”, frase de cajón que ya se sabe cómo termina, no puede ser el final de una película que por el momento sólo tiene inculpado al juez de dicho compromiso, ya sancionado por la Comisión Arbitral con cinco fechas.

Bedoya insinuó en sus respuestas que los responsables del partido ‘chueco’ eran los apostadores y con eso quiso sacar de camino cualquier posibilidad de involucrar a los actores directos del juego, los futbolistas presentes en la cancha.

Hace ya muchos años que cuando se menciona un tema turbio en el fútbol siempre se acude a la trillada frase: “Son los apostadores”. Algo tan gaseoso como la “sociedad civil” o los “actores del conflicto”. El tema es sencillo: si alguien se vende es porque alguien compra y tan culpable es el uno como el otro. En las “exhaustivas investigaciones” colombianas todo queda a medias, nunca se llega al fondo, al corozo de la verdad. Así fue con la muerte de Álvaro Ortega, así ha sido con otras denuncias sobre corrupción .

Luis Bedoya y la Federación están obligados a llegar al final del camino, a las últimas consecuencias de esta investigación. Flaco servicio le haría Bedoya al fútbol colombiano si todo se queda en una denuncia. Es imperativo revivir el tema, conocer más, saber cómo viene la mano, si este es el único partido con sospechas o si ya se habían presentado irregularidades en otros lances. En el fondo, el gran beneficiado parece ser Eduardo Pimentel, el dueño del Chicó, quien lo había advertido dos días antes cuando envió la carta pidiendo el cambio del árbitro nombrado para ese juego.

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