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El baboso comunicado de los equipos integrantes del G8 descubrió lo que ya se sabía desde que se formó ese grupo: que el fútbol colombiano está dividido.
No se necesitaba ser genio para llegar a la misma conclusión desde que ocho equipos, ricos, grandes, protagonistas de la historia, campeones de billetería y de audiencia, decidieron que sobraban 27 equipos y que por eso mismo, por ser ricos y poderosos, todos los demás tenían que ponerse a sus órdenes. Megalomanía, prepotencia, arrogancia, típico de viejos y nuevos ricos que miran por encima del hombros a los mortales, típico de aquellas personas que creen que don dinero es el único caballero que existe.
Los ocho, más el colado y pegado Barranquilla, súbdito de don Fuad, lograron algo que no se conocía: unir a los débiles, conjuntar a los de menor importancia, a los de “garaje” y a los que no tienen la importancia ni los títulos, pero tienen un derecho al voto inalienable. Y de esta unión nació un bloque poderoso y fuerte que puso y pondrá las condiciones en el fútbol colombiano durante las próximas asambleas.
Lo primero fue ratificar que el régimen de la Dimayor es presidencialista. Ya se experimentó el régimen colegiado y fue un fracaso. Lo malo hay que dejarlo enterrado.
Lo segundo fue elevar a las dos terceras partes el número de votos que se requieren para determinar cualquier cambio en las reparticiones económicas. Si los del G8 creían que podían conseguir otros cuatro votos a punta de ofrecer prebendas, comprar equipos, usar su dinero para convencer conciencias, ahora ya saben que necesitan “transar” a otros diez y resulta casi imposible. Fueron dos golpes directos, al mentón, que dejaron KO a los prepotentes señoritos del G8, que podrán tener mucho dinero pero carecen de elegancia, tacto y sentido común.
La reacción de los perdedores fue arrogante apenas para el estilito de Martínez. Pero es el anuncio de que seguirá la división, porque su lema parece ser que si no se respetan sus puntos de vista, de nueve votos, los otros 27 están equivocados. Y si para ellos todo se arregla cortándole la cabeza a Perdomo, tendrán que esperar dos años.
Ahora vienen cosas muy importantes como para que se queden rumiando sus penas y amarguras. Es urgente acoplar el calendario colombiano a la nueva Copa Libertadores. Pensada para evitar el atasco de abril y mayor, trasladará a septiembre , octubre y noviembre la maratón de partidos.
A pensar, a imaginar, a crear, a evitar que por estar dedicados a rumiar miserablezas, el tren del fútbol los deje sin soluciones. El fútbol necesita más inteligencia y menos soberbia.