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Andrés Iniesta se marcha del Barcelona para el fútbol chino. Y en el momento de su adiós del cuadro blaugrana es necesario reiterar una frase que ha hecho carrera: “A Iniesta no le falta un Balón de Oro, al Balón de Oro le hace falta Iniesta”.
Tras una espectacular demostración el sábado pasado ante Sevilla en la final de la Copa del Rey, la magia de su fútbol, balón pegado al pie, búsqueda de los espacios, manejo de los ritmos, siempre listo para mostrarse cuando la pelota quema y se necesita un conductor, el mediocampista español se marcha hacia ese ignoto país donde mueren todos los que en su momento prefieren el dinero.
Cansado de la gloria de sus 34 títulos, 31 con el Barça, tres con España, incluidos una Copa Mundo y dos Eurocopas, Iniesta se aleja y deja un hueco inmenso en la estructura del cuadro catalán, pero fundamentalmente en el corazón de los hinchas del buen fútbol. Porque Andrés Iniesta no es patrimonio de la camiseta azulgrana, es propiedad del fútbol, por juego, por buena gente, por respetuoso, porque ha hecho del fútbol un arte y lo practica a sus 34 años con las mismas ganas y la misma exquisitez que cuando apareció al lado de Messi, proveniente de La Masía en la primera escuadra que lideraba Rijkaard. La culpa no la tienen los 12 millones de euros que recibirá. Dos millones de botellas de vino anuales durante los próximos 10 años provenientes de su bodega son la verdadera razón para que Iniesta deje a España. No es un canto de sirena, es una operación comercial demasiado grande como para que el manchego decantara su corazón entre el Barça y China. A Iniesta, como a Xavi, les negaron un Balón de Oro cuando fueron los grandes protagonistas de la selección española que conquistó el Mundial de Sudáfrica en 2010. Ya habían vencido en la Champions, pero ellos dos ganaron la Copa Mundo y Andrés fue el autor del gol que le dio el título ante Holanda. El Balón se lo dieron a Messi, lo merecía Iniesta, pero el sentido comercial de ese premio primó en la decisión, así como han privilegiado a CR7 en otras oportunidades.
Iniesta es un futbolista de ensueño por su condición de generador de juego, su conducción de pelota, parece levitar por la suavidad con que conduce la bola, nadie ve los huecos que él encuentra en sus pases. No es goleador, pero acompaña y cuando tiene oportunidad la mete. Quien no disfrute del futbolista genial es que definitivamente no entiende del juego. Todavía quedan algunos partidos y el Mundial, pero ya los ojos comenzaron a encharcarse. No verlo cada ocho días será un martirio para los que amamos el fútbol.