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A raíz de la tercera eliminación consecutiva al Mundial casi todos repiten como loritas: “Es que no tenemos identidad”.
Y entonces habría que preguntarse qué quieren decir, a qué se refieren, cuando hablan de la identidad. Casi todos coinciden en que identidad es el toque-toque, la posesión permanente de la pelota, de la cual hacía gala la selección durante la época de Maturana y Gómez. Sin embargo, Hugo Gallego, también de la misma escuela, se aventuró a decir algo mucho más simple y más específico: “La identidad de la selección era El Pibe Valderrama, porque todo el equipo se movía a su ritmo”. Sin embargo, el Nacional de esa época, equipo base de la selección, jugaba con la misma filosofía, sin tener a El Pibe.
Hoy se reclama en forma patética la identidad. Y tendría que preguntarse quién juega así en el fútbol colombiano hoy por hoy, qué equipo se mueve bajo ese legado, porque si no juegan con ese estilo, no se le pude pedir a la selección esa identidad. En el rentado cada equipo juega a su aire y a su manera. América salió campeón con un estilo totalmente diferente al toque-toque; revise los últimos campeones y no hay dos iguales. Acaso el Nacional de hoy juega con ese estilo antiguo. De pronto el que más se le parece, siendo mucho más vertical y punzante, es el actual Medellín.
Es imposible que trayendo 15 jugadores de otros países, llamando otros cinco de diferentes equipos nacionales, se pueda pretender una identidad. Por ejemplo, Rodallega viene del fútbol inglés, donde se juega de una manera; Falcao, de Portugal, con otro estilo, y así uno por uno, los seleccionados actúan en diferentes equipos, con técnicos e ideas diversas, con métodos de trabajo entre semana opuestos, entonces, ¿cómo pedir identidad?
No, por ahí no es la cosa, las eliminatorias han evolucionado, se juegan a dos rondas durante tres años, no hay tiempo de entrenamiento, los técnicos no son entrenadores sino seleccionadores, por lo que hablar de identidad es una majadería.
De las actuales selecciones, la única que tiene un estilo propio, que tiene una identidad, es la española por una razón fundamental: el equipo está construido bajo los parámetros del Barcelona y ese ‘tiki-taka’ lo juegan y lo manejan en el cuadro catalán bajo la batuta de Xavi Hernández, que es a España lo que El Pibe era a Colombia. El cuento de la identidad es otro disco rayado que se pone de moda por estas épocas de eliminaciones.