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Existen formas y maneras de ganar y de perder. Se puede ganar jugando bien o se puede triunfar por azar y sin convencer.
Igualmente, se puede perder jugando bien —Colombia ante España— con lecciones y buenas señales de cara al futuro o se puede perder como lo hizo la selección en el Sub-20, con una formación llena de lagunas tácticas, desconcentrada, sin vigor y carácter, desordenada, con una porquería de equipito que no deja una sola pista agradable o ilusionante de cara al futuro. Una campaña como la que hizo este remedo de selección con dos años y medio de trabajo, un fracaso tan grande y tan evidente, sólo puede tener como final un resultado, alguien se tiene que ir y a estas horas es más fácil, lógico y coherente que se vaya el técnico que ha fracasado en su misión de armar un colectivo después de cien entrenamientos y más de 30 partidos. Pero, Lara no se irá porque alrededor de él se ha formado una guardia pretoriana que lo defiende, un grupete de amigos que quieren torcer la realidad, un fiasco absoluto, y pretenden hacerle creer a la gente que el técnico es intocable. Esa guardia de los Maturana, Gómez, González Alzate y Bedoya piensa que la gente es tonta y cegatona y que sólo ellos entienden de fútbol. Es extraño que el mánager Francisco Maturana haya dicho que no había visto los partidos de la Sub 20 y que confesara que no le gustaría que se truncase el trabajo del técnico. La obligación de Maturana, antes de hablar y hacer respaldos de género a sus colegas, es observar la forma como se juega, la manera en que se gana y la manera en que se pierde. Así como fue de coherente para hablar de la derrota en Madrid, resaltando lo bueno pero invitando a no creer en procesos perdedores, debería serlo tras la horrible labor de la Sub 20, en la que sólo se le ganó un miserable partidito a Bolivia. Que Maturana vea la forma en que se perdió, la manera en que se jugó, antes de hablar y respaldar al técnico. El señor Lara debe tener la dignidad moral y ética de entender que ha fracasado por tercera oportunidad consecutiva. Paraguay, Venezuela y ahora Perú, tres equipos mal armados, mal dirigidos, jugando mal, sin identidad y sin criterio, con los empresarios pululando a su alrededor, con extrañas convocatorias y temerarias decisiones técnico–tácticas, con un entrenador perdido en sus decisiones, que hoy juega de una manera, mañana con otra, sin encontrar nunca la forma y el fondo en unas campañas para el olvido. No le botemos más corriente a este cuento, Lara debe irse ya mismo y que llegue alguien que pueda hacerle creer a la gente que este proceso tiene futuro.