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No es justo, lógico ni coherente minimizar el éxito obtenido por el Cali en la Copa Postobón. Al final de cuentas son tres títulos en juego durante el año, dos de liga y uno de Copa, y el cuadro verde ganó en franca lid y con suficientes méritos uno de los tres. Por eso, tienen todo el derecho sus hinchas a gozar. Más allá del éxito, en la victoria del Cali hay un tema ineludible y que debe ser destacado: es el triunfo de una política de divisiones inferiores verdaderamente seria y responsable.
En el elenco verdiblanco se han dado durante los últimos años las dos corrientes. Unos dirigentes que gastaron a manos llenas en jugadores extranjeros de muy pobre nivel, quienes costaron millonadas y nunca dejaron nada grato. Los pupilos de Karim Gorayeb y de Grimberg le valieron al Cali muchos dólares y fueron un fracaso. Ese dinero fue a parar a manos de los ‘cometeros’ de siempre, los empresarios archiconocidos que abundan por los lados del elenco verdiblanco y que a veces se disfrazan de directivos.
La otra corriente fue la de los dirigentes que pensaron a posteriori y gastaron dinero en las divisiones inferiores. Y entre ellos se destacan Rodrigo Otoya y César Caicedo, integrantes de la junta directiva anterior, quienes siempre pensaron que el futuro de la institución estaba en esos jugadores de las menores, celosamente vigilados y llevados por técnicos expertos en la materia que hoy tienen el derecho a cobrar.
Al hincha común y corriente, en este caso al socio normal de la institución, le gusta pensar en presente, en el hoy, mira poco hacia adelante y por eso castigan a la dirigencia que no ofrece réditos inmediatos. El analista tiene la obligación de digerir, meditar y sacar conclusiones sobre los éxitos y fracasos, poniendo todo en la balanza.
El Cali está construyendo un equipo grande de cara al futuro. Puede llegar a convertirse en el equipo que imite el “modelo Barça” en Colombia. El club catalán gasta cuando lo requiere, pero se apoya en el trabajo de La Masía para nutrirse. De ahí salieron Puyol, Piqué, Valdés, Iniesta, Xavi, Pedro, Bojan, Sergio y viene una generación muy buena, como se ha visto en los partidos donde les han dado la ocasión de jugar.
Cali va incrustando en su nómina una serie de jugadores hechos en casa, con el sello y la identidad verdiblanca y a ellos se tiene que encomendar en un futuro.
La dirigencia nacional tiene que entender la lección: es preferible gastarse cien mil dólares en apoyar las inferiores y no en un tronco extranjero que viene, fracasa, se lleva el dinero y les llena los bolsillos a los ‘torcidos’ de siempre que han hecho del fútbol un negocio sucio.
Felicitaciones al Cali y a su política de creer en lo que hay en la casa.