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Eduardo Lara dio un voto de confianza al grupo con el que ha trabajado durante los últimos partidos y se juega la clasificación con su gente. Es normal, es lógico, es coherente, no podría pedírsele que se la jugara con quienes no han estado en sus planes y con quienes no han sido de su confianza.
El periodismo y los aficionados tienen todo el derecho a pensar que falta fulanito o sutanito, forma parte de la eterna polémica que genera el fútbol, deporte subjetivo donde cada uno se cree el dueño de la verdad. Pero, a quien le pagan por armar la selección, quien cobra el sueldo como técnico, es Lara, guste a algunos o no él es el encargado y punto. Y Lara actúa como tal, hace su nómina, juega con su gente, es así en Colombia, Brasil, Argentina, España e Italia, donde se juegue al fútbol y haya que seleccionar una nómina, susceptible a ser debatida.
Lara, en cambio, se equivocó dejándose presionar de los mayorcitos para volver a jugar en Medellín. Esa determinación muestra un técnico dubitativo en decisiones primarias que son de su absoluto resorte y que no se le pueden dejar al grupo. Tras aceptar esa petición de los generales quedó abierto el camino para que mañana esos mismos futbolistas tengan derecho a pedir a determinado compañero en la titular. Esos mismos generalitos fueron los que le dijeron a Pinto cómo tenía que parar el equipo en la Copa América, luego ya es conocido de todos su estilo y sus procedimientos. La misma firmeza que mostró para jugársela con los suyos tenía que haber mostrado para no aceptar presiones de sus atletas en cuanto a la sede.
Lara también aceptó con esa determinación de cambiar la sede meterse en la boca del lobo, en una plaza que no lo quiere, donde lo quieren bombardear porque allá creen que el técnico debe ser de esa región del país. Así pues, el ambiente esta semana será durísimo para el vallecaucano, pero él lo sabía, era conocedor de lo bueno y lo malo que podía tener el cambio de sede, y que “coma de su cocinado”.
Esta película está llegando a su final y el desenlace para algunos es previsible. Otros se aferran al milagro. Lo cierto es que en este proceso se cometieron errores, desde la ratificación de Pinto tras el fracaso de la Copa América, los cambios de nómina, la eterna presencia de los empresarios, la tibieza de Lara para terminar en manos de los mismos generales que ya fracasaron dos veces y un comité ejecutivo que terminó dejando todo en manos del técnico para que después no vayan a decir que no le dieron todo lo que pidió.