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Cuatro conclusiones básicas del juego de Colombia ante Senegal: Ibarbo es un jugador con cara de titular.

Quintero es una magnífica pieza de recambio cuando el armado no funcione. El equipo careció de balance y se olvidó de la punta izquierda. Las desatenciones defensivas siguen siendo un grave problema.

Pékerman sorprendió con Ibarbo por la punta derecha. En el Cagliari juega por los dos costados y en Nacional también lo hizo por ambas puntas. Parece que el técnico pretendió engañar a los adversarios al ubicarlo por la diestra en el puesto que ocupará Cuadrado. Todo potencia, desequilibrio, con buen pase gol y haciendo al final tareas defensivas ante la lesión de Mejía y la ausencia de otro volante de marca. Jugó muy bien y pidió a gritos no sólo un puesto entre los escogidos sino un lugar en la titular, pues su nivel futbolístico es demoledor.

La presencia de Ibarbo por la diestra llevó a que el seleccionado estuviera desbalanceado. El equilibrio de un equipo se da a lo largo y el balance es a lo ancho. Colombia sólo jugó por la banda derecha, haciendo pequeñas sociedades entre Zúñiga-Quintero-Ibarbo, abandonando totalmente la zona izquierda. El 85% del juego se recargó en un solo sector, limitando el campo, cerrándolo en lugar de abrirlo, lo que es un grave error y algo que deberá solucionarse de inmediato para no dar ventajas. Con Ibarbo por la izquierda, Cuadrado por derecha y James en el medio, la repartición de espacios sería mucho más lógica y daría más volumen ofensivo.

Juan Fernando Quintero mostró mucha personalidad y cuando le entregaron la pelota tuvo la categoría y el nivel suficiente para llevarla, usarla bien, meter pases gol, generar fútbol. No se equivocó el técnico cuando decidió que Juanfer se quedaría con el puesto de Macnelly. Es joven, le pega muy bien en la media distancia, tiene pase gol y un futuro avasallante. Cuando la situación se ponga difícil, Quintero puede ser una agradable solución en el armado.

Dos desatenciones arrancando el segundo tiempo y dos goles. No puede pasar en el Mundial, pero se está volviendo habitual en la selección: el gol bobo por partido. Flojo Mondragón, sin distancia, lerdo en los movimientos, inclusive en las pelotas aéreas, no brindó seguridad alguna y dejó muchas dudas sobre su nivel. El primer gol es inexcusable; era pelota del portero que la vio pasar a su lado. En el segundo fue más un problema de marca en el medio. Esos metros para el remate de media distancia de Yayá Touré y adiós Brasil…

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