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Liderazgo

Iván Mejía Álvarez
20 de septiembre de 2008 – 12:35 a. m.

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El tema se llama liderazgo. Y eso es lo que falta en la selección de Colombia. Liderazgo sano y bien entendido, liderazgo en todos los sentidos, dentro y afuera de la cancha. Y no entender “mesianismo” por liderazgo, son cosas totalmente diferentes.

Jorge Luis Pinto intentó ejercer de líder, construir un equipo alrededor de su figura como técnico, convertir la selección de Colombia en la selección de Pinto, pero equivocó el camino.

Algunos técnicos se sienten  más importantes que el colectivo. Algunos de ellos reciben mucha más atención mediática que el mismo plantel y por eso se habla tanto de entrenadores como Mourinho o Ferguson, quienes imponen sus caprichos, satisfacen sus exigencias, delimitan el terreno y marcan el derrotero desde todos los ángulos.

El líder convoca, no disgrega, no ahuyenta, no invade jurisdicciones. Ése fue un error de Pinto, saber más de preparación física que el encargado del tema, conocer más de fisiología y medicina que los médicos, no aceptar sugerencias, diálogos ni motivaciones en lo táctico de nadie.

Eduardo Lara debe tener bien claro que necesita de todos y cada uno de los integrantes del nuevo cuerpo técnico, de la nueva plantilla de jugadores que ha de elegir, de las directrices administrativas, de los mismos periodistas, para poder salir adelante. Se construye sumando, se fracasa como en el antiguo proceso, dividiendo y enjuiciando a quien opine diferente. El caudillismo, como única verdad, cercana a la dictadura, es el mejor camino hacia la derrota.

Lara debe tener ese liderazgo en el manejo de todos los asuntos, pero debe encontrar también en el campo un conductor que interprete sus ideas, motive y lleve al grupo. Ése fue un grave déficit del equipo dirigido por Pinto durante todo el proceso. El ego de Pinto impedía que alguien pensara y ejerciera autoridad y por eso el equipo nunca tuvo en la cancha ese adalid motivador y organizador.

Si Lara tiene que aceptar la llegada de algún general de cuatro soles venido a menos en el proceso anterior como parte de la búsqueda de un líder dentro de la cancha, que lo haga, que le dé una nueva oportunidad. No se puede equivocar en la escogencia de ese líder y éste debe interpretar bien el mensaje: no se le llama a cogobernar, se le invita a sumar, a contribuir, a conducir a unos jóvenes que requieren de un orientador cercenado en los últimos tiempos.

El tema es rotundo, el liderazgo lo tiene que ejercer el técnico motivando y reanimando un grupo venido a menos en lo anímico, al que debe darle señales claras y sencillas en lo táctico y lo técnico.

Todavía se puede, todavía hay chances, pero la resurrección tiene que llegar ya mismo, en las próximas dos fechas, y sólo con liderazgo, dentro y fuera, se puede construir el éxito.

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