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A los aficionados les gusta ver caras nuevas en sus equipos.
El hincha siempre tiene la ilusión de que uno de esos llamados refuerzos la reviente y sea una grata sorpresa. Algunas veces el tiempo termina dándoles la razón, pero la mayoría de las veces los partidos terminan desvaneciendo las esperanzas y los que eran motivo de afecto por el solo hecho de vestirse la camiseta del equipo, terminan siendo sonoros fiascos, auténticos paquetes.
Los tres equipos de Bogotá hicieron una magnífica gestión en sus directivas y se han reforzado convenientemente para este torneo. Cada uno a su manera, dentro de sus necesidades, intentó llenar los vacíos y montar una escuadra competitiva.
Santa Fe consiguió el patrocinio que no tuvo en 2011, tras el retiro de Bavaria. El trabajo de César Pastrana fue efectivo y llegaron marcas que garantizaron unos buenos ingresos. En lo deportivo, llegaron jugadores que pueden aumentar el caudal ofensivo que estuvo sometido a la creación de Ómar Pérez y la eficacia de Rodas. Arias es un buen jugador y puede ser esa media punta por fuera. Volvieron Torres y Otálvaro, hechos en la casa, pero a ellos hay que enviarles un recado claro: tienen que cuidarse y comportarse como profesionales. Lo mismo para Cardona, bueno pero indisciplinado. Corresponde al técnico Gutiérrez poner patrones claros de conducta y parar la mano desde el primer brote de agrande e indisciplina. Y que Bedoya y Centurión se dediquen a jugar y no a hacerse expulsar por sentirse los más machos y guapos. Una buena nómina para entusiasmarse y pensar en cosas grandes, que requiere muñeca del técnico y la dirigencia para no dejarla desbocar.
Millos también se reforzó bien. A falta de un central, trajo dos foráneos, Britez e Ithurralde, para acompañar a los de casa, Franco y Enríquez. Se fue Robayo, ídolo, y llegó Jhonny Ramírez, gran promesa, buen jugador, que puede terminar siendo fundamental. Con Cosme, Berrío y el extranjero Urbano esperan resolver la falta de gol y alguien que aproveche el volumen ofensivo de Máyer y ese pelado Vásquez, cada día más jugador y talentoso. Richard Páez tratará de encontrar el equilibrio con una dosis más racional y menos emotiva de lirismo en el campo. La hinchada todavía no olvida los errores tácticos y de planteo en Barranquilla, cuando faltó técnico y muñeca para aprovechar un marcador favorable. El equipo luce sólido y garantiza buen trato de pelota.
Equidad ajustó sus líneas tras el aparatoso fracaso del segundo semestre. Alexis García recurrió a viejos conocidos, algunos hechos en casa. Volvieron el talento de Stalin Motta, la fortaleza de John Viáfara, las descolgadas de Giraldo por la banda derecha. Tiene solidez en el fondo y recuperó ataque en los flancos; sigue manteniendo control territorial en el mediocampo, pero le agregó potencia ofensiva. Tal vez le falta un volante de armado, pero Alexis prefiere el fútbol por los costados y un media punta que será Leonardo Castro. Los que llegaron en su gran mayoría conocen a Alexis y su táctica, su distribución de espacios, sus bloques de presión, y recuperar la memoria táctica no será mayor problema. Equidad ha sido el mejor bogotano en los últimos años y el mejor manejado en la parte financiera y administrativa. Otros pagan mejor, Equidad paga fijo y sin sobresaltos, gracias a su respaldo institucional.
Millos, Santa Fe y Equidad armaron tres buenos equipos. Ellos saben que este juego se llama fútbol, donde dos más dos no siempre da cuatro, y que muy buenas nóminas a veces no llegan a puerto. Eso sí, la clara intención de competir a fondo y de pelear el título está en el panorama, que después del fiasco de final de año, cuando se sintieron finalistas y terminaron apeados pese a tenerlo todo a su favor, saben bien que llegó la hora de la reivindicación. Si el público quería ver caras nuevas, las hay por montones.