Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Delgado, el joven arquero del Real Cartagena, salió mal, calculó erróneamente y la pelota lo sobró, permitiendo al Pereira anotar el primer gol en el partido del miércoles pasado en La Heroica.
En ese momento era el villano de la película, pero luego, en el segundo tiempo, este portero se encargó de atragantar el grito de gol en ocho ocasiones a los delanteros y volantes matecañas. Las agarró todas, por arriba y por abajo, para terminar siendo una de las figuras del compromiso. Pasó en apenas 45 minutos de villano a héroe.
Y si Santa Fe es líder absoluto se debe a los goles de Ómar Pérez y a las atajadas de Agustín Julio, quien se convirtió en el gran responsable de que el equipo dirigido por Hernán Torres no masacrara a los rojos durante la primera etapa. Como mínimo, Julio detuvo seis pelotas de gol. Para eso está, esa es su obligación, dirán algunos puristas. Pero ese puesto es muy ingrato, pues se pueden detener veinte que van para dentro y en la última pelota equivocarse y terminar siendo el malo de la película.
También Pezzuti fue gran figura en Neiva y atajó frente a la delantera del Huila varios balones que cantaban red. Cuando llegó, muchos dijeron que el Nacional se había equivocado en su contratación. Hoy son pocos los que osan discutirle las condiciones a este portero argentino, que en las ultimas jornadas ha mostrado un gran nivel.
Las dos primeras fechas de los cuadrangulares Mustang abundan en referencias elogiosas para los porteros. Bobadilla lo para todo en Pereira y en Medellín ante Júnior le sacó un balón a Teófilo al mejor estilo Iker Casillas.
Bobadilla y Pezzuti son extranjeros, Julio tiene 36 arandelas, Prono Velásquez llega a los 35; Estacio y Delgado son arqueros para el futuro. Bréyner Castillo y Dídier, de excelente biotipo, nunca han estado en selección Colombia. El tema, después de todo, pasa por el relevo generacional en el fútbol colombiano para la posición de arquero.
De la camada que trabajó Carlos Portela, Córdoba-Mondragón-Calero, sólo van quedando lejanos recuerdos y los últimos juveniles colombianos no se consolidan, con excepción de Ospina. Libis Arenas, Botero, Cuadrado, Blandón, Vargas, son estrellitas momentáneas y no garantizan categoría a largo plazo, están en ese momento en que deben consolidarse o desaparecer.
Por lo pronto, en estas finales se cumple en algunos equipos la sabia sentencia del gran ‘Gurú’ Gabriel Ochoa: “quiero un portero que me deje dormir tranquilo”. Un tipo como Bobadilla.