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Los que mejor juegan

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Alemania y España se enfrentarán en Durban en una semifinal que promete ser la reivindicación del juego lúdico, alegre y estético, del fútbol que causa placer a los ojos y que es, al final de cuentas, el que le gusta a la gente.

Nadie en este Mundial ha conjugado mejor el toque en velocidad, la búsqueda de los espacios vacíos, el respeto a la pelota que los dirigidos por Löw y Del Bosque. El partido tiene, además, un toque morboso, que será la revancha de la histórica final jugada hace dos años en El Prater de Viena, por cuenta de la Euro 2008, con triunfo para el equipo español, dirigido a la sazón por Luis Aragonés.

La victoria española en territorio austríaco tuvo dos connotaciones claramente detectables en los equipos en liza. Löw entendió que el fútbol alemán se había quedado sin fundamentos técnicos y que con la fuerza, la velocidad y la potencia física podía ganar, pero, igualmente, aburrir en demasía. Y fue entonces cuando encontró en la selección sub-20, que ganó el torneo europeo de la categoría, la fuente para el recambio. Jugadores de muy buen pie, más livianos, ágiles y respetuosos del balón, fueron incrustados en la nómina titular con mucho éxito. Los Khedira, Özil, Müller, Marin, Kroos, llegaron para tomar el relevo de Frings, Ballack, Hitzlsperger, una generación fiel al libreto del fútbol fuerza.

Mientras Alemania iniciaba el recambio, España, su verdugo, magnificaba el fútbol vistoso que la había llevado al título. Una seguidilla de 29 partidos con sólo dos derrotas y un fútbol aseado, transparente, alegre y generoso con los aficionados reivindicaba el cambio en una España que también, durante años, le apostó a la “furia”, sinónimo de fuerza y velocidad, pero que hoy se rinde al ‘tiky-taka’ y a los ‘jugones’ como Iniesta, Xavi o Cesc.

Los dos protagonistas de esta semifinal quieren el balón y prometen un partido de alto voltaje técnico por la calidad de los protagonistas. Ausente Müller, los alemanes perderán una de sus piezas claves en las categóricas victorias anteriores.

Del Bosque duda en la alineación del “Niño” Torres, hasta ahora inédito en el Mundial, y pretende volcar un mediocampista de mayor sensibilidad en el manejo y traslado de la pelota. Cesc Fábregas o David Silva pueden cumplirle esa tarea y ayudar en la generación de juego, la asociación colectiva con la pelota. El técnico español no cometerá el error de Maradona de entregarles la media cancha a los talentosos alemanes comandados por Özil. Al final de cuentas, Del Bosque sí es un técnico de fútbol…

Cita en la cumbre entre los máximos exponentes del fútbol arte, del fútbol que le gusta a la gente…

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