Publicidad

Los ‘solistas’

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Colombia se apuntó la segunda victoria en el Mundial y sacó tiquete para la siguiente ronda.

Enunciado escueto y sencillo. La victoria por encima de todo, el resultadismo puro, la bienvenida a los triunfos y olé. En lo otro, funcionamiento, mecánica, trabajo táctico, posesión, manejo de los partidos, categoría y jerarquía, la selección sigue estando cruda y tras dos juegos van quedando tipificadas por visibles y reiteradas las falencias del equipo y también, claro está, sus bondades y virtudes.

Primero lo bueno: qué categoría de jugadores con el último pase, James Rodríguez y Michael Ortega. Ese último pase, la pelota metida que significa dejar mano a mano al compañero para el remate, una de las grandes falencias de la selección de mayores, en este equipo parece resuelto con la visión periférica de Ortega. Lleva tres pases gol sensacionales, medidos, matemáticos. Más allá de su displicencia, de su indisciplina táctica, pues jamás vuelve a rearmar la figura y su cuota de sacrificio es nula, ese muchacho tiene un talento superior al de todos para interpretar el fútbol en el “te la pongo ahí, métela”. James es diferente, mucho más colectivo, sacrificado, táctico, menos indolente pero igualmente talentoso y brillante.

Y así como se celebra el último pase, es menester darle crédito a la definición rotunda y certera. No se llega mucho, pero la embocan fácil, a diferencia del equipo de mayores. Un llamado de atención para Muriel: su individualismo ante Malí fue pernicioso y molesto. Él no está para ser el goleador del Mundial sino un integrante del campeón, primero lo colectivo y después lo personal.

Ante Malí, un equipo ríspido, demasiado físico, que tiraba tarascadas como los toros mansos y peligrosos, Colombia careció de manejo, nunca fue dueño del partido, le faltó toque y posesión. A este equipo le cuesta tener la pelota, es difícil encontrar pasajes con más de cuatro pases seguidos, regala el dominio del partido y el mando del ritmo.

Las variantes de Lara fueron extrañas, descompensadas. Quiso meter el segundo gol a toda costa y arriesgó. Soportó demasiado a Muriel y Calle entró tarde cuando era una solución viable para controlar el manejo del partido.

Por lo pronto, se celebran las victorias, el público se sigue manejando diez puntos en su apoyo, pero el fútbol todavía sale a cuenta gotas, el funcionamiento colectivo es flojísimo, el equipo carece de táctica y desde el banco se emiten señales contradictorias. Afortunadamente los ‘solistas’ están salvando la falta de conjunto y de táctica. Por ahora, por ahora.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido