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Lunes de enero

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Dicen por ahí que enero es un gran lunes, esos días en los que es necesario trabajar pero al cliente le cuesta sacarse el moho del fin de semana, por un lado, o está apenas despegando del cansancio que dejaron un sábado y domingo ajetreados.

No son fáciles las columnas de enero. Sobre todo porque es tan lento y monotemático el fútbol colombiano, que cuesta entrar en acción. Los temas siguen siendo esas paupérrimas contrataciones, cómo se arma fulanito y cómo se desarma zutanito. Cuántas quincenas, meses y semestres deben algunos, cuántas deudas con parafiscales y sueldos tienen los mismos cínicos de siempre que con el mayor desparpajo todavía creen que la gente les acepta frases tan mentirosas como “sabemos que estamos haciendo las cosas bien”, como dijo el mentiroso presidente del equipo más quebrado del fútbol colombiano, tras seis años de fracasos.

Otra vez el canjecito es la moneda predilecta para hacer negocios. Es la fórmula que utilizan algunos para intentar armar algo diferente, para mostrarle al aficionado local una cara un poco diferente. Pero no necesariamente el canjecito es bueno y la falta de visión y conocimiento de los directivos nacionales termina llevándolos a cometer muchos errores y salen de uno malo para llegar a uno peor.

Otra frase de moda, de esas que se escuchan en estas épocas, es “vamos a trabajar con los chicos de las inferiores”. Esos mismos jóvenes que han despreciado los últimos años y a los que les quitaron el apoyo cuando decidieron que no iban a seguir llevándolos a la primera categoría porque los Sub 18 no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.

Jesurún dice que el “cartel” de traficantes de documentos que se había montado para adulterar las edades de los juveniles es de tal magnitud que los directivos tuvieron que acabar con la norma. La clásica del marido cornudo que vende el sofá.

No crean el cuento de las inferiores de los directivos. Ellos no llegan a buscar abajo las fórmulas para rearmar sus equipos por convicción. Lo hacen por necesidad, porque durante tantos años se han equivocado en las contrataciones, que están en la bancarrota y no hay cómo seguir trayendo troncos ya mayores.

Pocos movimientos, algunos han hecho un esfuerzo grande y le apuestan a todo o nada, como el Once Caldas que cambió junta directiva, técnico y plantilla, en un desesperado cara y sello. Con cara salen campeones y salvan el año, pero con un mínimo desliz en la Liga Postobón o en la Santander Libertadores, se quiebran pues mantener con éxito una plantilla de doce mil millones al año exige llenos y más llenos.

Hoy es lunes de enero, qué sopor y más con estos calores que están reinando.

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