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Matando al mensajero

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Relata la historia mitológica que en la antigua Grecia los mensajeros llevaban las noticias de aldea en aldea.

Y también dicen que cuando las noticias eran malas, que derrocaron al fulanito que gobernaba o que se perdió una batalla y los invasores venían en camino, en Grecia tenían una pésima costumbre: mataban al mensajero. En el Mundial han matado al mensajero dos veces.

La primera fue cuando un integrante de la delegación de Francia contó que Anelka había “remadreado” al técnico Domenech en el intermedio de un partido. Los jugadores no se indignaron con la asquerosa conducta de su compañero, que rompía las reglas de convivencia. Los futbolistas la emprendieron contra el “chivato”, que pudo ser Gourcuff o el preparador físico, y así lo dijo Evra: “¡Tenemos un soplón adentro!”. El culpable según la lógica de estos futbolistas no era Anelka. El culpable era el mensajero.

Una pantalla del Soccer City reprodujo al instante la toma de televisión donde se mostraba el inmenso fuera de lugar de Tévez para el primer gol de Argentina contra México. El juez de línea vio en vivo y en directo su error y así se lo comentó al arrogante señor Rosetti, el central, quien prefirió persistir en el inmenso fallo y dio como válido un tanto conseguido en posición prohibida.

La reacción de Fifa fue matar al mensajero. Prohibieron, una vez más, las repeticiones de jugadas dudosas en las pantallas de los estadios. El culpable era el señor que había insertado a la luz pública la jugada irregular. Los árbitros, incluido el burócrata que maneja el intercomunicador y que también vio la jugada, no tenían la culpa.

Se equivoca una vez más la Fifa. El principio elemento de la equidad no existe en el fútbol. Convalidar el gol de Tévez en fuera de lugar evidente, o no aceptar como legal el remate de Lampard que traspasó 80 centímetros la raya de gol, dar como correcta una doble mano como la de Luis Fabiano ante Costa de Marfil, expulsar a Estrada (de Chile) en forma injusta y, por lo tanto, desequilibrar el partido ante España son puras anécdotas, elementos fortuitos en el análisis.

Lo auténticamente grave y fuera de toda consideración es que la Fifa viva de la televisión y la acepte a medias. Le cobra millonadas por dejarle transmitir y prácticamente la convierte en socio del negocio. Acepta las cámaras dentro del estadio y cuando se trata de algunas decisiones los comités aceptan el video como recurso válido.

La televisión sirve, siempre que no traiga incorporada las malas noticias: los errores arbitrales. Eso es matar al mensajero. Blatter ha dado excusas a México e Inglaterra por los groseros fallos. Vaya consuelo, primero te pego un tiro y luego te visito en el cementerio.

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