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Millonarios (2)

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Como decíamos ayer, los miembros de la junta directiva de Millonarios están empecinados en demostrar que el club es una empresa comercial y sólo miran el balance económico. Ellos, que manejan el término de “compañía” para referirse al equipo azul, olvidan muchas cosas.

Por ejemplo, en una empresa o compañía, como la quiera llamar, quien no da rendimiento se tiene que ir. Si el gerente de producción, el técnico, no cumple con las metas y los objetivos propuestos en el inicio de cada temporada, la lógica empresarial es sencilla: adiós y a buscar otro que cumpla con las metas estimadas. Y si el gerente de compras no da los resultados apetecidos, también se tiene que ir.

En el caso concreto de Millos, el organigrama para contratar jugadores recae en Javier Álvarez y Nicolás García, ellos son los integrantes del llamado comité técnico, que recomiendan los jugadores que deben llegar al club bogotano. Claro, le cuentan a Richard Páez y él aprueba o desaprueba la gestión, pasando todo por el fatídico tope salarial que limita totalmente las consideraciones de Álvarez y posiblemente sea el motivo por el cual llegan tan malos refuerzos.

Podría pensarse que el tope salarial es una medida sana y evita que el club, empresa o compañía, gaste mucho más de lo que el presupuesto de funcionamiento permite. Es una posibilidad, pero el fútbol es un negocio “sui géneris” en el que dos más dos no siempre da cuatro. Es más fácil el éxito con buenos jugadores, buen técnico y ambiente de trabajo idóneo, que con jugadorcitos, mal adiestrador y ausencia de seriedad directiva. Es tan raro el fútbol que Nacional con cuantiosa inversión y seriedad administrativa va rumbo a un descomunal fracaso. Así es el fútbol.

Javier Álvarez es un protegido de uno de los inversionistas más grandes de Millonarios, pero a ojos del hincha común y corriente es tan culpable como Páez y García de los fracasos en las contrataciones y si a Millos lo quieren presentar como un modelo empresarial, Álvarez y García deben responder con sus cargos por el fracaso de los mal llamados refuerzos, donde se salvan Ramírez y Osorio.

Millos tiene al frente Copa Sudamericana y un segundo semestre para borrar todo lo malo del primer torneo. La dirigencia de la compañía tiene que entender que este equipo no está a la altura de los compromisos y ajustar con sinceridad y responsabilidad la nómina, castigando a los culpables de las malas contrataciones y replanteando el tope salarial.

Esto es fútbol, no es la bolsa, el banco o la política.

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