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Se fue Óscar Julián Ruiz y lo hizo en la misma forma en que llegó. En medio de la polémica. La sanción de una pena máxima en el ultimo minuto contra Equidad ha dado lugar para que sus gratuitos detractores, que nunca le han perdonado sus éxitos, trataran de hacer papilla sus éxitos.
Ruiz siempre ha estado abonado a la discusión porque un juez de su trayectoria, con tantos partidos encima, con tantos juegos importantes entre pecho y espalda, tiene derecho a equivocarse, puede fallar, y un solo error suyo es tratado como si fuera el más grande de la historia. Claro, Ruiz ha tenido partidos malos, ha errado, ha pitado cosas que no son, pero en su libro del haber tiene muchos éxitos, muchos triunfos, muchos partidos impecables. Sus enemigos en el ‘periodismo’ nunca le han perdonado que no les rinda pleitesía y no los trate como a doctores. Sus rivales en el arbitraje no lo han querido porque luchó y venció la sórdida guerra interna del referato contra el malvado y perverso sistema que manejó durante tantos años González Alzate, el gran digitador del fútbol colombiano en las nefastas épocas de bárbaras naciones.
Claro, Ruiz luchó y terminó ganando, pero a la vez se equivocó porque montó una “rosca”, la suya, que ha venido maniobrando y determinando el arbitraje en los últimos años. Y eso no es bueno para el fútbol y para el referato nacional, ni la égida de González ni el mandato de Ruiz. Tal vez uno de sus frustraciones es que no pudo imponer un “sucesor” en la liga local y mucho menos en el ámbito suramericano, pese a que tuvo varios candidatos a los cuales impuso su padrinazgo.
A nivel suramericano y mundial el llanero se colocó siempre en la línea de mando y estuvo en mundiales y en los partidos más importantes de las copas que se disputan en el mundo, con excepción de la Champions. Tal vez su máximo logró fue aquella final Intercontinental entre Real Madrid y Boca, donde tuvo una magnífica actuación.
Tras su partida del torneo colombiano, Ruiz se dedicará ahora a dictar cursillos y será instructor Fifa. Es decir, empieza el curso de cómo ascender en la pirámide de los exárbitros, donde encontrará granes rivales que se mueven igual o mejor que él en ese detestable universo de la intriga por el poder.
Los argentinos le creían “probrasileño” y los brasileños pensaban que era de la “cuerda” de Grondona. Al final de cuentas lograba su objetivo y era nominado permanentemente para dirigir finales y grandes partidos y para asistir a grandes torneos.
Se fue Ruiz y con él se marcha el mejor árbitro colombiano de la historia, pésele a quien le pesare, duélale a quien le doliere.
Ah, el último tiro penalti que sancionó, sí fue, en mi concepto.