Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Júnior le apostó directamente a no perder y parqueó el autobús delante de la portería de Viera, quien estuvo iluminado en todas sus intervenciones para sacar el 0-0 e ir al tiro desde los doce pasos.
Júnior le devolvió a Millos lo que el cuadro azul le había hecho en Barranquilla cuando le cerró todos los espacios y clausuró la portería de Delgado.
Nacional había caído en Bogotá por la mínima diferencia y esa noche la naturaleza se conjuró contra los rojos, pues la cancha terminó imposible: pararon el partido dos veces, no se podía jugar y al final el verde se fue con un solo gol, cuando todo hacía presagiar que podían ser más por lo que habían hecho los dos equipos.
En la vuelta, Nacional mostró su categoría y el “aguacero” fue de oportunidades, centros, pelotas de gol, intensidad y ritmo que tuvo el elenco de Osorio para ganar por dos goles, definir la serie y apuntarse a la final.
A Millos le faltó contundencia y acompañamiento para Dayro. Terminó muriendo en su ley, la que lo llevó a jugar todo el torneo con un solo delantero, generoso, tenaz, goleador, pero muy solo, sin que nadie le arrastrara marcas o le abriera caminos. La soledad de Dayro fue un problema, pero más difícil será reemplazarlo.
Santa Fe careció de un plan táctico adecuado. Intentar contener el fútbol de bandas de Nacional con dos volantes de marca fue suicida y mal planificado. El ancho de la cancha, el montaje táctico abriendo permanentemente el juego por las puntas y la ausencia de recuperación les dieron a los verdes una cómoda maniobra de ataque nunca visualizada o neutralizada por Gutiérrez. Ubicar a Arias con perfil, cambiado largos pasajes del encuentro, fue una pésima idea, porque lo dejó a contrapierna en marca (así vino el gol de Valencia) y con la cancha cambiada en ataque. Y el primero, apúntenselo todo a Vargas: ese es gol de portero.
Lloran en Bogotá la eliminación de sus dos representantes y el problema no es hoy, es lo que viene, pues Santa Fe deberá desmontar, a un costo altísimo, el gigantismo de 15 contrataciones, algunas de ellas inéditas, y volver a tener un equipo normal y manejable en la parte económica. Y Millos tendrá que montar un equipo sin Dayro, M’Bami y el “turista” Wesley (un paquetaco impresionante con altísimo costo y cero rendimiento), y aclarar el tema Lillo, que viene duro, pues la junta quiere echar a Portolés y Lillo se irá si tocan a su paisano.