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Otro parto por cesárea, como ya es habitual, pero la creatura salió vivita aunque el proceso haya sido terrible. Se ganó, al final de cuentas lo más importante, pero el fútbol sigue estando ausente, aparece sólo a cuentagotas, y la clasificación depende única y exclusivamente de los chispazos individuales porque en lo colectivo el déficit es tremendo.
Algunos juzgan severamente a Lara por la planificación, pero el técnico resolvió los retos tácticos que se le presentaron con acierto. Por ejemplo, ubicar a Falcao más como un cuarto volante que como un delantero de punta. Lara lo llevó a un tremendo sacrificio físico cuando le pidió bajar a mitad de terreno, por la banda izquierda, para coadyuvar en la marca en el sector donde la pareja Reascos-Valencia podía hacer estragos. Falcao lo hizo, con tesón y humildad, alejándose de su posición dentro del área y resignando su tarea ofensiva. Hoy llueven los palos sobre Falcao, pero no son justos pues el samario se limitó a cumplir con un gran desgaste físico en una tarea que el técnico le solicitó. ¿Volver a ubicar a Falcao más como un volante que como delantero punta? No se debe hacer. El experimento deja dudas.
El partido se ganó cuando Pezzotta expulsó merecidamente a Palacios. Algunos querían que saliera Amaranto, pero era ilógico y ante un equipo con diez y un solo delantero lo lógico fue subir a Armero al medio campo y hacer línea de tres en el fondo. Cuando entró Giovanni Hernández mandaron a Moreno a jugar de media punta, su auténtico puesto, y el del Júnior a armar. El hombre de más fue vital y en el momento en que el técnico juega todas sus cartas y saca a Zúñiga para que llegue Jackson al partido, Moreno va a la derecha y Colombia hace valer el hombre extra con dos delanteros y dos armadores.
Giovanni Moreno ratificó que es un jugador muy interesante, todavía en formación. Hizo cinco jugadas en el partido y con eso le valió. Tres pases gol, dos terminaron en la red, y dos remates espectaculares. Es todavía un joven y afrontó la gran responsabilidad con personalidad. No es armador, es media punta con un inmenso futuro.
Viene Uruguay herido, adolorido, con la obligación de ganar los nueve que están en juego. Lo van a intentar a las buenas y a las malas, el partido es muy peligroso por el juez Torres —no da ninguna sensación de tranquilidad— y por el espíritu de matonería que pregonan los charrúas cuando quieren hacer valer el cuento de la “garra”, licencia para pegar.
El objetivo es mínimo un punto. Por lo pronto, a seguir cosechando que el juego ya llegará, algún día llegará. Como decía alguien en la tribuna, “que paridera”.