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Por dignidad

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No es una posibilidad, es una obligación. Colombia debe cerrar bien su participación en la Copa América, ganándole a Estados Unidos.

Y para vencer al equipo de Klinsman, la selección tendrá que reencontrar el factor gol que se le perdió desde el tanto de Marlos Moreno a Costa Rica, el día que actuaron los suplentes. En casi 200 minutos el equipo nacional no ha marcado goles.

Muchos factores inciden para que el raquítico balance ofensivo, tan sólo seis goles, deje un estela de dudas sobre el presente y el futuro. Lo primordial es que el circuito de creación no está funcionando, pues el juego de Cardona-James-Cuadrado no genera ataque. Desconectados, aislados, los tres volantes que debieran marcar el juego de ataque parecen sentir un partido por aparte, pues la ligazón no funciona.

El 2-3-1 de media cancha hacia adelante ha vuelto a fracasar. Los extremos no llegan nunca a raya de fondo, carecen de desborde y no consiguen uno de los principios fundamentales del manual ofensivo: ampliar la cancha, por lo que el fútbol termina congestionándose por el medio, tratando de superar el embudo que produce la incapacidad de lograr apertura por las bandas.

Afecta sobremanera también, en la ausencia de fútbol por los costados, el nivel individual de Cardona y Cuadrado, y un poco la gestión de James. Decepcionante Cardona: se le nota pesado, sin ritmo, exhausto por el duro trasegar en el torneo mexicano; la exclusión en los 45 finales contra Chile parece ser un recado definitivo de Pékerman.

Al Cuadrado que brilló en el Mundial lo han cambiado los técnicos. En el Fiorentina jugaba libre, cerca a las 18, con derecho a gambetear y patear. Cuando llegó al Chelsea, Mourinho lo dejó como un carrilero sin pretensiones ofensivas, y después, en Juventus, Allegri le dio la estocada final al habilidoso y lo convirtió en un sacrificado volante de marca. En la selección, Cuadrado no encara, no gambetea, perdió brillo y alegría, y cuando se trata de ayudar a generar ataque, su rendimiento es ínfimo.

Si los volantes de generación no crean, los marcadores no salen, porque están atados a tareas defensivas, el delantero en punta carece de respaldos, nadie le lleva la pelota, no hay quien lo nutra de balones. Por eso Bacca ha tenido una Copa lejana a su verdadero nivel, sufre como sufrieron en su momento Teófilo y Falcao, porque la pelota no llega limpia arriba. Hay que ganarle a Estados Unidos para terminar dignamente. Y para hacerlo hay que reencontrar el gol perdido, el juego ofensivo, el volumen de ataque.

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