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Qué pena Argentina

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Cuando Pep Guardiola llegó al Manchester City encontró a Joe Hart y a Willy Caballero como los porteros que había en plantilla. A Hart se le caía el horizontal porque era un atajador y no sabía jugar con los pies. Caballero aguantó seis meses hasta que Guardiola lo despachó para traer a Ederson. Caballero tampoco tenía idea de manejar la pelota con los pies.

Solo a un necio como Sampaoli se le ocurre montar una defensa de tres hombres con un arquero que no es capaz de parar un balón y entregarlo a un compañero. A Caballero le perdonaron la vida en el partido contra Islandia, donde estuvo comprometido en cuatro acciones, donde despejó mal y tuvo la responsabilidad en el gol. Fue un atentado a la seguridad argentina pero lo dejaron para el juego contra Croacia.

Y así le fue. Le entregaron 20 pelotas y en todas le pegó de punta para arriba, devolviéndole el balón a los croatas. En la única que intentó pasársela a un compañero se la dejó a Rebic, quien inauguró el marcador y la debacle argentina. El infame regalo de su arquero acabó de fulminar a un equipo ausente de ideas en el banco técnico, en la cancha y con el desasosiego de su estrella, quien vio cómo la pelota pasaba lejos de sus botines porque el planteo táctico del histriónico Sampaoli lo alejaba del juego.

A no meterse mentiras, el fútbol de Argentina fue calcado a la mayoría de los partidos que disputó en la Eliminatoria. Un equipo chato, sin ideas, con jugadorcitos de menor cuantía en lo técnico y lo emocional, donde la ley del “amiguismo”, impuesta por Messi, impera en las alineaciones y las convocatorias. Por eso, tuvo que esperar al último partido en Quito para clasificar, gracias a Messi.

Portugal juega para Cristiano, Brasil juega para Neymar pero Messi juega para Argentina. El balance de la ecuación es totalmente desfavorable. El 10 debe hacer milagros para conectar con tipos como Mascherano, Pérez, Biglia, Acuña, Salvio, Meza. Tira paredes y le devuelven ladrillos.

Como equipo de fútbol organizado y con un plan de juego válido para afrontar un Mundial, Argentina es una porquería. Las contradicciones de Sampaoli son tan evidentes como meter en el campo a Pérez, quien llegó por el lesionado Lanzini, utilizar al final a Dybala, a quien nunca tuvo en cuenta en los entrenamientos, confiar en Caballero, un arquerito de tercera categoría, seguir creyendo en el lento Mascherano, desdeñar al joven Pavón, quien tiene fuego y juventud y a Dybala, quien puede ser mejor socio para Messi que todos los demás.

Con don Julio Grondona vivo esto no hubiera pasado.

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