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Real y Barça

Iván Mejía Álvarez
03 de noviembre de 2014 – 10:00 p. m.

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Mientras el Barcelona engarza jugadas, el Real Madrid juega.

Esa es la gran diferencia entre los dos grandes del fútbol español. Una cosa es hacer jugadas aisladas que pueden o no terminar en gol. Evidentemente, cuando usted tiene a Suárez, Neymar y Messi en el ataque debe crear acciones de peligro que pueden rebotar en los maderos, como contra el Celta, cuatro veces, o despilfarradas por falta de tino en la ejecución final, y ganará partidos y estará prendido en la pelea, pero siempre dejará la idea de un equipo sin plan de juego, aislado de la noción colectiva, dependiendo de la individualidad que puede salvar compromisos, pero que no ganará campeonatos.

En cambio, el Madrid vive un momento dulce: juega al fútbol, tiene paciencia para tocar cuando lo necesita, determinación para golpear y ejecutar, funciona perfectamente como una máquina aceitada. Coincide este excepcional estado de gracia con la lesión de Bale y su salida de la titular, lo que obligó a Carlo Ancelloti a jugar un 4-4-2 con James e Isco escorados a las bandas, retrocediendo para armar el cuatro del medio cuando los atacan. Y con ese plan, el Madrid encontró el equipo, el juego, la idea, el estilo. Toca para abrir el adversario, tiene paciencia para circular y la pelota rueda sutilmente por los pies del gran maestro que es Kroos, el dueño del GPS, la versatilidad de Modric y el magnifico funcionamiento de James e Isco, quienes viven un momento excepcional. Y claro, arriba el demoledor Cristiano y el inteligente Benzema se mueven de maravilla. Es más, aislado de las misiones defensivas que tenía en el 4-3-3, al portugués ahora se le ve mucho más colectivo y más libre en ataque.

Crecen el Madrid y Cristiano, se empequeñecen el Barça y Messi. Cuando parecía que la llave del argentino con Neymar ya había encontrado los movimientos y la empatía, apareció Suárez y ahora el pastel se lo deben comer los tres, y en los dos primeros partidos del uruguayo, los dos perdidos, las cosas no han funcionado para nada.

Y para más inri blaugrana, entre Ancelloti y Luis Enrique existe tanta diferencia como la que hay entre un catedrático de universidad y un profesor de bachillerato. Graduado el italiano en grandes ligas: Milan-Chelsea-PSG, mientras que el otro apenas ha probado en Roma y Celta. Demasiada diferencia en el banquillo que se traduce en los movimientos pre y durante los partidos. El Madrid juega; el Barcelona hace jugadas.

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