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Se vienen dos combos fundamentales en la ruta hacia Rusia 2018. Se pasará el ecuador de la competición y será necesario tener claro el puntaje adquirido para conocer si las expectativas de volver al Mundial son fruto de una lógica o simplemente se entra al fértil terreno de la imaginación haciendo cuentas de aquellas en las que se piensa más con el corazón que con la razón.
Las próximas dos convocatorias tienen que atender a unos factores diferentes a los que se están usando para seleccionar los jugadores en las últimas citaciones. Tanto la Copa América como el último combo estuvieron llenos de situaciones curiosas e ilógicas que parece entender solo el seleccionador y de las que no hay explicaciones coherentes y racionales. El lenguaje gaseoso de hablar mucho y no decir nada que acompaña al argentino en sus contadísimas ruedas de prensa, la ausencia de cuestionamientos serios y respuestas serias, hacen creer que el técnico es el amo absoluto de la selección y no debe rendir explicaciones sobre sus procedimientos. En este país es válido cuestionar el plebiscito, la paz, al presidente, al jefe de la oposición, pero a Pékerman no se le puede decir una palabra, porque salen sus alfiles y te mandan dentelladas a la yugular. Bello caso de tolerancia a la opinión ajena.
Llamar a 26 jugadores a una convocatoria para dos partidos carece de lógica. Se llevan jugadores sencillamente para hacerlos figurar como seleccionables y que queden en carpeta de vendibles por los apoderados de turno, incluido el conocido Pascual. Jugadores que no van a actuar, que se sabe que son rellenos en la citación, cuyo lugar esta en el banco. Berrío y Dayro Moreno fueron los últimos ejemplos. Es oneroso e ineficiente. Demasiados suplentes es una invitación al bochinche interno. Hagan la cuenta del último combo: se citaron 26 y se usaron 18.
El próximo combo es fundamental para alejar a Paraguay de la pelea y bajarle los humos a Uruguay. En Barranquilla se mueren con la humedad y esta vez no puede ser diferente, hay que ganarles. Es un combo de seis puntos y mientras menos amiguismos y componendas mercantiles se tengan, citando a los mejores y alineando a los que son, suben las probabilidades. Pékerman y la selección están caminando en el filo de la navaja. Para clasificar no solo hay que ganarles a los del fondo de la tabla, obligatorio, sino también aruñarles y sacarles puntos a los de arriba. Y estos doce puntos que vienen son el momento adecuado para hacerlo.
La clasificación está ahí, es posible, se tiene con qué, pero hay que elevar el rendimiento futbolístico y cometer menos errores en el banco técnico y hacer convocatorias reales y lejanas a los intereses comerciales.