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Sin juego

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Todo análisis depende del cristal con el que se miren las cosas. En cualquier evaluación existen puntos blancos, negros y, por supuesto, grises.

Llegar a semifinales ya fue un éxito, dirán algunos, pues hacía doce años no se conseguía. Tras dos intentos en que Perú y Argentina habían eliminado a Colombia en ejecuciones desde el punto penal, la selección espera el miércoles a Chile, buscando un cupo a la final.

Sin embargo, otros pensarán que la forma, el método y el nivel futbolístico son más importantes que los simples números. Y hasta ahora el resultado es desalentador. Colombia jugó bien por pasajes ante Estados Unidos, magnífico primer tiempo con Paraguay y después todo ha sido de malo para abajo en el juego, sin personalidad y sin jerarquía. Así como llegaron las ideas y las soluciones colectivas contra los paraguayos, de un momento a otro se esfumaron y ahora hay más inquietud, zozobra y desconfianza tras el pésimo partido disputado ante Perú.

El parecido del equipo del último partido con la selección que estuvo en Chile 2015, es aterrador. Las mismas virtudes: gran arquero, buen nivel defensivo, solvencia en el medio campo para cumplir la fase inicial de destrucción del juego adversario. Los mismos problemas del medio hacia adelante: carencia de ideas, ausencia de secuencias largas de pases, nulo aprovechamiento del fútbol por las bandas, precaria conexión entre volantes y el delantero de punta. Conclusión, el equipo vuelve a estar en manos de David Ospina y las prestaciones defensivas .

La segunda línea de volantes ofreció una lánguida imagen en los último 180 minutos en que han actuado juntos (45 con Paraguay, 45 contra Costa Rica y 90 con Perú), al punto que hasta el cuerpo técnico piense sólo en cómo reencontrar el juego perdido, la idea desaparecida.

Es un problema de módulo o es una mera cuestión de individualidades, porque el nivel de Cuadrado y Cardona es ínfimo, lo que arrastra a que James luzca sin socios a su lado y a que Bacca no tenga quién lleve la pelota y lo deje en posición de gol. Lo uno, el bajonazo de nivel individual, lleva a lo otro, las imperfecciones del módulo. Más preocupados en ser solidarios en defensa, bajando por la banda para ayudar a taponar y cerrar espacios, Cardona y Cuadrado perdieron su esencia ofensiva.

Tampoco es bueno el manejo de los tiempos, los espacios y los ritmos. Acelerados en el primer tiempo contra los incas, lentos y previsibles en el segundo, Colombia parece tener desbarajustada la caja de cambio y nunca encuentra la velocidad de crucero ideal.

Los números son una cosa, las semifinales están ahí, el juego es algo diferente y en este ítem el desfalco es mayúsculo.

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