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Sin miedo

Iván Mejía Álvarez
11 de noviembre de 2011 – 08:35 p. m.

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Valga de inicio una aclaración pertinente: por motivos de incompatibilidad de tiempos el autor debe escribir esta columna antes de los resultados y desarrollos de los juegos del viernes. Lo que se llama en el argot periodístico «la esclavitud de los cierres». Es más fácil analizar conociendo esos factores que hacerlo un poco a ciegas.

Alguien se preguntará cómo es que Argentina teniendo esa nómina, esos nombres que deberían meter miedo de sólo enunciarlos, no ha podido armar un auténtico equipo durante los últimos años. Con Maradona como técnico era lógico que el tema no funcionara, pues su ego desmedido terminaba arruinando las posibilidades de la plantilla. Además, Maradona siempre potenció más el tema ofensivo que el defensivo. Por eso en el Mundial cuando se enfrentó a la poderosa Alemania terminó humillado.

Muchos delanteros sin sacrificio en tareas de recuperación y un solo volante, Mascherano, cuidándoles las espaldas a todos, eso no podía terminar bien.

El Checho Batista, reemplazo de Maradona, tampoco pudo darle el equilibrio y la coherencia en las fases del juego, y en la Copa América el esquema de muchos delanteros y pocos recuperadores terminó naufragando. Batista pagó caro el no saber decirles no a tantos egos y su equipo no pudo con Bolivia y Colombia, algo impensado.

Tampoco pudo Sabella, en sus primeras salidas, darle ese equilibrio. Messi en Argentina no es Messi, como tampoco Cristiano es CR7 en Portugal. Son los mejores en sus clubes pero cuando llegan a las selecciones no tienen el potencial de sus equipos. Claro, Messi en Argentina no tiene a Xavi o Iniesta trabajando para llevarle limpiecita la pelota para que él y su portentosa habilidad, capacidad goleadora, visión de juego, hagan el resto.

Argentina no sufre de déficit ofensivo, sino de que hace mucho no tiene buenos defensores, no produce centrales como Passarella, Ayala o Ruggeri, porque en los costados tiene jugadores del montón-montón, como Zabaleta, Rojo o Clemente. Argentina es altamente vulnerable en defensa porque sus individualidades son flacas y porque los técnicos quieren compensar los déficits individuales en defensa con generosa dosis atacante. Pero si no recupera la bola, no hay forma de atacar.

El “papelón” ante Venezuela tendrá sus consecuencias este martes en Barranquilla. El temor al calor los llevará a planificar un juego más táctico y creyendo que sus individualidades resolverán la papeleta. Si no lo hacen así, se pueden llevar un disgusto de padre y señor.

A esta Argentina de hoy, continuidad de los deficientes equipos defensivos de los últimos años, hay que moverle la bola, atacarlo por los costados y no tenerle miedo para encararlo.

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