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No puede pasar inadvertida la frase que pronunció el técnico de la selección de Colombia en una de las ruedas de prensa que brindó en la reciente gira europea.
Pékerman afirmó que a la Copa América se iría a recoger experiencia para el gran objetivo, que era clasificar a Rusia.
Puede ser que el técnico argentino haya decidido eliminarle a su grupo la presión y que por eso saque un gigantesco paraguas de cara al torneo continental. También puede ser que Pékerman no vea claras las posibilidades y que considere que el proceso de renovación de algunos puestos y algunas líneas no estará completo hasta que arranquen las eliminatorias. Todo puede ser porque, como sucede con el técnico argentino, sus palabras son llenas de incógnitas y así se ha enseñado el país a interpretarlo y a entenderlo.
Pero no, esta vez no se puede estar de acuerdo en lo más mínimo con Pékerman, así el técnico tenga la mejor intención con su frase de restarle presión y compromiso al grupo. Colombia tiene que ir a Chile con la intención de ganar, a pelear hasta el final, a cumplir un gran papel. Sorprende pues que quien enseñó a la afición a tener ideales, a creer, quien llevó de su sabia mano el equipo a cumplir el mejor Mundial de la historia, salga ahora con aquel verso trasnochado que tanto se criticó con Maturana y Gómez, los paraguas artificiales antes de las competencias.
Si no existiera un equipo hecho y derecho, probado y jugado, capaz de grandes actuaciones, podría aceptarse que a Chile se va a adquirir experiencia, a foguear jugadores y encontrar una escuadra para las eliminatorias. Pero equipo es lo que hay, jugadores de altísimo nivel, casi dos por puesto se tienen, un magnífico cuerpo técnico y una gestión seria y responsable de la Federación, entonces por qué no pensar en grande, por qué salir desde ahora a buscarle disculpas a un torneo donde Colombia puede y debe jugar mano a mano con cualquiera, llámese Brasil, Argentina, Chile o Uruguay.
No, señor Pékerman, no le baje la ilusión a la gente y al grupo. Por el contrario, hágales saber que se confía en ellos y que lo mínimo que se les pide es que peleen el título. Se puede ganar o se puede perder, eso no se sabe, pero no se acepta bajarle el pulgar a esa competición y abrir el paraguas, cuando usted fue el que enseñó al público que las disculpas y los títulos morales son cosa del pasado.