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Son un peligro

Iván Mejía Álvarez
03 de noviembre de 2008 – 07:56 p. m.

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La historia se repite semestre tras semestre. Campeonatos intensamente disputados hasta el último minuto de la última fecha. Pretendientes a granel, definiciones por diferencias de gol, drama e intensidad en las canchas, tensión en las tribunas y muy poco fútbol.

Mucho nervio, mucho temple, mucho agite emocional, poco de calidad, espectáculo y pelota bien jugada. La fuerza y el choque le ganan la partida a la elaboración y el talento.

El campeonato es emotivo, lo que no significa que sea bueno técnicamente. Se juega mal al fútbol, pero la pasión sigue vigente en el espíritu de los hinchas que tienen a sus equipos peleando esos cupos para el ingreso a la última fiesta. Hoy son 11 equipos disputando siete casillas para las finales. Sólo uno, el Tolima, ya tiene su cupo asegurado cuando restan seis puntos por disputar y se pueden dar múltiples combinaciones.

Y en el medio de todo están los árbitros y sus asistentes de línea, cambiándole el rumbo a los torneos, definiendo posiciones, equivocándose en forma grosera y a veces hasta mal intencionada, que dejan la duda latente, que obligan a preguntarse si tanto error a favor de los mismos equipos de siempre, son gratuitos o simples coincidencias.

De la última fecha es imperdonable lo que hizo un tal Adalberto Rincón, en Medellín, cuando le metió la mano en forma descarada al partido entre Nacional y Pasto y concedió dos supuestas penas máximas a Nacional. Una vergüenza, un desfalco a la profesión de juez, una invitación para que ese sujeto no vuelva a pitar un solo partido del fútbol profesional. Algo parecido a lo que hizo Hernando Buitrago hace un año cuando también se puso la camiseta verde y blanca en forma descarada.

Y en Bogotá, Héctor Parra dejó de sancionar una inmensa mano de Cortez, de Millonarios, que era penalti en cualquier parte del mundo. Parra no quiso verla, se negó a sancionarla. Otro que debería irse de vacaciones. A Millos le han dado y también le han quitado como en el clásico, cuando le invalidaron una jugada de gol absolutamente legal. Así son los jueces, un día quitan, al día siguiente reponen, pero nunca dejan espacio para estar tranquilos, se equivocan tanto que sólo queda el manchón de la duda y la suspicacia.

Los jueces están decidiendo el torneo con sus voluminosos errores. Y ya no se sabe quién es más peligroso si el central con el pito o el asistente con la bandera.

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