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La actuación de varios jugadores colombianos, su actual momento, debería transmitir una buena dosis de optimismo a los aficionados en relación con los próximos partidos del seleccionado ante Chile y Paraguay por las eliminatorias.
Falcao mete y mete goles en el Oporto, es luchador, constante, perseverante, se impone por vitalidad y calidad. Guarín encontró un lugar en la titular del campeón lusitano y es elogiado por su rendimiento en Champions y el torneo portugués. Abel Aguilar despierta magníficos comentarios en la prensa española por su nivel con el Zaragoza. “El colombiano se está destapando como uno de los futbolistas de la Liga. La tarde le salió redonda al mediapunta, que anotó dos goles de distinta factura”, afirmó ayer El País.
Y los que actúan en Colombia muestran gran nivel, tal es el caso de Jackson Martínez, de una fenomenal actuación ante América, marcando goles, sirviendo pases-gol, ayudando a elaborar el bloque de presión en la salida. O la dupla Giovanni Hernández y Teófilo que se luce con el Júnior.
Pero la historia es conocida por todos. Juegan bien en sus clubes y llegan a la selección y son otros, tímidos, desacomodados, incoherentes en sus expresiones futbolísticas. Parecen la mitad de lo que son en sus equipos.
Claro que el fenómeno no es sólo colombiano. Los argentinos se han acostumbrado a la polémica cada vez que juega el Barcelona donde Lionel Messi es un figurón, el mejor del mundo, mientras que en la selección es una pálida sombra del jugador que desequilibra y maravilla en el elenco azulgrana. Algunos que parecen jugar siempre igual son los brasileños. Kaká, Lucio, Maicon, Robinho y Luiz Fabiano parecen los mismos en sus clubes que en la selección. Y, por supuesto, los españoles del Barça, Xavi, Iniesta, Puyol y Pique, que interpretan la misma partitura futbolística en el onceno nacional y su club.
Es diferente la expresión táctica, las necesidades de la selección a la que habitualmente manejan en sus cuadros los jugadores criollos o el tema pasa antes que por la táctica por factores anímicos, de seguridad emocional, de personalidad para aceptar retos y sacrificios.
Lo cierto, lo único realmente claro, es que si los jugadores no actúan en la selección como lo hacen en sus clubes, con la personalidad y categoría que demuestran en el domingo a domingo, el panorama es incierto y el único que puede equilibrar el tema es el técnico con un mensaje categórico y definido.
Y Lara, ¿si está transmitiendo esa cuota de tranquilidad a sus jugadores o también se encuentra cuestionado internamente por sus dirigidos? Esa es otra pregunta del millón.