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A partir del próximo partido empezará a pesar en el trámite de los partidos lo que los tratadistas denominan “la economía del esfuerzo”.
Aquellos equipos inmersos en fatigantes y extenuantes jornadas con tiempos suplementarios y tensión anímica por el cobro de tiros desde los 12 pasos en este Mundial, empezarán a sufrir las consecuencias en el desarrollo de los partidos.
Desde un principio se había advertido que la temperatura y la humedad, combinación explosiva, mezcla letal que produce cansancio muscular y fatiga mental, cumplirían un papel determinante en el resultado final del campeonato del mundo.
En la primera fase se fueron España, Italia, Portugal e Inglaterra, las selecciones de las cuatro ligas más importantes y competitivas del mundo. Ligas donde sus equipos llegaron a finales de Liga de Campeones y Liga de Europa. Esos resultados no fueron gratis ni casuales, tienen que ver en forma directamente proporcional al número de partidos ejecutados y a las tensiones acumuladas para llegar a instancias superiores. Así, llegaron cansados y se fueron rápido.
La selección de Colombia está mejor que Brasil en la ejecución de la “economía del esfuerzo”. Los titulares nacionales tienen 120 minutos menos en sus piernas que los titulares brasileños.
La sabia decisión, en su momento cuestionada parcialmente, pues sonaba a excesiva, de guardar ocho titulares en el partido contra la selección de Japón, empieza a pesar a la hora del análisis. Implica 90 minutos menos de esfuerzo y desgaste. Pero, a esos 90 minutos, agréguenle un factor adicional: Brasil jugó un alargue de otros 30 minutos y una tanda de tiros desde el punto penal contra la selección de Chile. Eso significan 120 minutos extras de sacrificio físico y una carga mental que fatiga y perturba las piernas. Y cuando eso sucede el cerebro manda órdenes que las extremidades no ejecutan.
Además, la selección de Colombia no ha tenido que hacer el recorrido que han sufrido los brasileños. São Paulo-Fortaleza-Brasilia-Belo Horizonte-Fortaleza, da un recorrido de casi dos mil kilómetros más de avión. Colombia no ha ido al norte, donde las temperaturas oscilan en los 36 grados. Parece un detalle intrascendente, pero a estas alturas del campeonato del mundo es una gran ventaja para unos y un detrimento en la “economía del esfuerzo” para otros.