Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“Volver con la frente marchita… y sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra”: Carlos Gardel.
Veinte años de aquel 5-0, de aquella inmensa alegría que sintió el pueblo colombiano por el que ha sido uno de los resultados más recordados de la historia de este fútbol famélico en títulos y en copas internacionales.
Se ha dicho y se ha escrito tanto de aquel episodio, que la memoria todavía conserva intactos los recuerdos de un partido atípico y extraño. Todavía hoy no se sabe cómo fue que Colombia le metió cinco al equipo de Basile, lo humilló en pleno Monumental y le dejó esa lacerante herida que emana sangre cada vez que se van a enfrentar. Ellos sueñan y seguirán soñando con una revancha, con una goleada y una cachetada igual. Por ahora, no parece que tengan cómo…
Caracol Televisión ha pasado tantas veces ese partido, que lo conocemos de memoria. Ellos afilados, muertos de la ira, atacando y atacando, y Colombia encerradita, bien parada en la cancha, esperándolos y contragolpeando. Y cada vez que la recibió El Pibe y metió una daga punzante en el corazón de la defensa argentina, fue gol y más humillación. Entre Asprilla, Freddy Rincón y El Tren Valencia se dieron maña para arrodillar a un equipo que no entendía, todavía no lo entienden, que pasó aquella tarde del 5 de septiembre cuando un avión de Aerolíneas Argentinas casi se estrella sobre Buenos Aires porque el piloto quería aplaudir a esos colombianos —a los que los en su inmensa soberbia y prepotencia les habían anunciado una goleada—. Argentina venía iracunda después de que Colombia le quitó el invicto de 33 fechas en el Metropolitano con goles de El Tren y de Valenciano y el tambor de guerra previa, esas declaraciones altisonantes en las que son expertos, anunciaba una tormenta que sí se dio, pero en su propio arco.
Y cuando ellos atacaron y atacaron, emergió la figura colosal de Óscar Córdoba atajándolo todo, arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda. Sí, no se entiende el resultado, esa es la verdad: llegaron tantas veces los argentinos y salvó tantas pelotas Córdoba, que el resultado pudo ser totalmente diferente. Pero ahí estaban los once leones batiéndose y goleando, bailando y humillando a la Argentina, al punto que todavía tengo la imagen de Maradona, con los ojos rojos y llorosos, aplaudiendo a la selección al final del partido. Veinte años después no vale la pena analizar si fue bueno o malo. La historia no miente, fue el 5 de septiembre cuando Colombia le metió cinco a Argentina. Hoy, a la hora de recordar, me quedó con Gardel cantando: “Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada…”.