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El triunfo de Santa Fe en el último torneo parece haber motivado a los llamados equipos “grandes” a retomar el camino del éxito.
Equipos grandes son aquellos que mueven el torniquete y llevan pasión y alegría a las tribunas. Algunos de ellos han estado venidos a menos en su rendimiento deportivo y directivos inescrupulosos los han convertido en blanco de sus fechorías, arrasándolos económicamente, dejándolos en el fondo de las tablas y acercándolos al precipicio. Es más, América, un grande de verdad, en gente y pasión popular, hoy juega en la B.
El duelo Bogotá-Medellín del fin de semana terminó en tablas. Tampoco hubo ganador entre Cali y Júnior, otros dos grandes.
El elenco barranquillero es un serio aspirante al título, pues aparte del talento de su mediocampo ahora tiene gol con la llegada de Teófilo y Dayro. El de La Chinita sigue siendo un eterno abonado a la polémica, el rifirrafe, los intercambios verbales y físicos. Parecería tener un imán para convertir todas sus actuaciones en el centro de la polémica. Mondragón y los del Cali estaban predispuestos a elevarlo a la condición de enemigo público y lo buscaron por todos los medios. Como Teo no se esconde, el partido tuvo ese ingrediente de belicosidad. Ellos, los protagonistas, deberían entender que la gente paga por ver fútbol, pelota bien jugada, y no la caza del hombre ni el show de la boquilla que maneja Gutiérrez.
Mondragón fue el héroe haciendo tres paradas sensacionales durante el juego y parando el penalti a pocos minutos del final. Farid es muy bueno atajando, pero es insoportable reclamándole todo a los árbitros en tono grosero y camorrista.
A propósito de los jueces, Lamoroux, el de Santa Fe-Medellín, hace parte del colectivo de jueces que ayuda a pagar la nómina de la Dimayor y al chofer de la 4×4 de don Ramón. Experto en amarillas sin ton ni son, se arrugó y se escondió cuando tenía que sacarles roja a Bedoya y Centurión por violentas y graves entradas que ameritaban expulsión. Pero no, Lamoroux mostró que les tiene temor y no es el único juez que se asusta con ellos.
Cómo se nota la mano de Hernán Torres en Millonarios. Un equipo serio, ordenado, bien paradito, con capacidad de contragolpe. Es otro Millos, y ese punto con diez hombre en el Atanasio fue una victoria moral de un equipo que quiere volver a ser protagonista.
Este torneo pinta bien, pues los grandes parecen estar de regreso.