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Reconoció Pékerman en una de sus raras comparecencias públicas que lo tenía intranquilo y nervioso el tema de la recuperación de Camilo Zúñiga.
Más o menos dejó entrever que el tema Falcao no le preocupaba tanto, porque no era una decisión suya sino de los médicos y de la responsabilidad del propio jugador determinar si estaba apto o no para jugar un Mundial. No se habla de caminar, saltar, correr, sino de competir al más alto nivel posible, nada menos que un Mundial.
Tiene razón el técnico de la selección. Nada más preocupante que la situación de Zúñiga, porque su presencia, al igual que la de Falcao, debe estar absolutamente supeditada a que se encuentre en alto nivel para el gran esfuerzo. No sirve un Zúñiga a mitad de camino y su ausencia obligaría a mover piezas y a generar expectativas que difícilmente se puedan resolver en tan solo 15 días de preparación.
Como lateral derecho, el chico Santiago Arias lo puede reemplazar bastante bien. Tiene buena marca y aunque no es una salida tan franca al ataque por la derecha, el puesto quedaría bien cubierto. Y como lateral izquierdo no queda sino la opción de Armero, a quien están dándole minutos en su club inglés en las últimas fechas tras un largo ostracismo. La selección nunca tuvo un suplente para Armero, nunca se buscó ese jugador, porque siempre Zúñiga era convocado para las dos posiciones, izquierda y derecha, y hoy se está pagando esa mala planificación.
Y tan preocupante como la recuperación de Zúñiga sigue siendo la conformación de la pareja central. El defensor más rápido del país, el mejor complemento para todos, Cristian Zapata, sigue en el banco y desde su lesión y la llegada de Seedorf en lugar de Allegri le ha tocado chupar banco. Amaranto y Yepes no andan bien, Valdés apenas está volviendo y hace poco jugó un buen partido, pero todavía no confirma su nivel.
El orgullo no puede cegar a Pékerman y entre Aquivaldo Mosquera y Álvarez Balanta no puede ni deben existir dudas: es muchísimo mas el del América de México por experiencia, nivel futbolístico, aporte técnico y hasta por conocimiento del proceso llevado a cabo por el técnico argentino. Si toca tragarse el sapo de llamarlo pese a su “renuncia” —nunca explicada y nunca pregonada, pero dada por cierta en círculos cercanos al técnico—, pues hay que llevarlo a Brasil.
Tiene razón el técnico, Brasil esta ahí, a la vuelta, y todavía el fondo sigue estando difuso y confuso.