¿Y el talento?

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El maestro Óscar Washington Tabárez es toda una institución en el fútbol del mundo. Es un hombre con 73 años, sapiente, con cuatro campeonatos mundiales a cuestas y toda una lección de dignidad y valentía para sobreponerse a la penosa enfermedad que le aqueja.

Tabárez es el dueño de un proyecto de juego para el balompié uruguayo. Proyecto afín a lo que es el futbolista charrúa, a lo que tiene en sus venas y a la manera como entiende el juego. Por eso el plan de renovación no es novedoso.

Los mismos del fondo, comandados por Diego Godín, un héroe en la vía aérea. Con laterales de escasa proyección, pero mucha marca. Y con dos delanteros a prueba de cualquier duda: Luis Suárez y Édinson Cavani. Frente a Egipto, Tabárez tenía en cancha a siete jugadores veteranos, de su cuerda, de los que siempre han estado en sus convocatorias.

La renovación venía en el mediocampo, pues Nahitan Nández, Rodrigo Bentancur, Matías Vecino y Daniel de Arrazcaeta eran la nueva savia anunciada por Tabárez. Cuatro volantes de ir y venir, con mucha capacidad para afrontar el fragor de la lucha, pero cero talento. Mucho overol, poca elegancia e ideas. Nada diferente a lo que hace apenas unos meses, durante la eliminatoria, tenía en la cabeza con Diego Ruso Pérez, Carlos Sánchez, Arévalo Ríos y el Cebollita Rodríguez.

Entre los cuatro que iniciaron contra los faraones y los de antes no hay mayor diferencia. Corren, meten, luchan, piensan poco. Por eso el fracaso de la media cancha para llevarles la pelota a los dos delanteros fue evidente, y Suárez y Cavani —setenta goles esta temporada entre los dos— fueron absolutamente superados y no tuvieron remates al arco.

Tuvo que variar Tabárez con el ingreso de Sánchez y Cebollita, volviendo a los veteranos, para que Uruguay resolviera la papeleta y le ganara a Egipto, que sólo supo conjugar el verbo defender durante los 90 minutos.

Hubo un tiempo en que los uruguayos tuvieron volantes talentosos: Francescoli, Rubén Paz y Bengoechea, jugadores creativos que llevaban a sus equipos gracias a sus ideas. Hoy son cosa del pasado, no existen en la Uruguay de Tabárez. Por lo que el fútbol se traduce en empujar, meter, luchar y esperar algún gol con pelota quieta, como el de Giménez cuando el tiempo se agotaba y las ilusiones se morían.

Ganaron. Dejaron atrás un rocoso rival muy al estilo de Cúper, defensivos y cerrados. Pero a Uruguay no le sobró nada. Necesitarán mucho más cuando eleven el listón y el rival no sea Egipto. Necesitarán talento, lo que no mostraron en su debut.

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