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Para desarrollarse correctamente, una ciudad necesita tener continuidad y no que quien la gobierne trace su visión personal; para evitar que esto sucediera se creó el POT con la ley 3888 de 1987 a nivel nacional. En el año 2000 bajo el decreto 619 fue creado para Bogotá. Independientemente del color político, los alcaldes deberían seguir una misma línea de desarrollo. ¿Podrá Bogotá trazar un rumbo duradero e independiente del tinte político de quien la gobierne?
En los países europeos desde ya se plantean como debe ser la ciudad del mañana y cuál debe ser el desarrollo adecuado para adaptarse a las necesidades del futuro próximo. Estas ciudades enfrentan los desafíos urbanos, usando las interacciones y acuerdos entre gobernantes y gobernados, es decir la gobernanza. Para lograrlo se basan en un modelo holístico de desarrollo urbano sostenible. Este se basa en la edificación de visiones muchas veces diferentes, pero que convenga a los objetivos de procesos con diferentes visiones.
En Noviembre de 2019 el Concejo de Bogotá hundió el POT presentado por el entonces alcalde Enrique Peñalosa, triunfando la ponencia negativa, es decir Bogotá se rige por el decreto distrital 190 de 2004. La lucha política en el Concejo la lideró por la oposición de entonces la Concejal Cielo Nieves y por parte del gobierno de Peñalosa, Lucia Bastidas. El POT daría a la ciudad un plan a doce años, pero lamentablemente no se fue aprobado. Si dicho POT hubiera tenido en cuenta a los partidos rivales, es decir si se hubiera construido con ambas visiones de ciudad, hoy la ciudad tendría una hoja de ruta que mostraría el camino a seguir.
Lamentablemente, lo que prima en la ciudad es la dispersión política en asuntos tan importantes como este y no el bien de la ciudad que logre un desarrollo que sirva a los ciudadanos, quienes tenemos un rol diferente. El de estudiante, el de empleado, el de empresario, el de ama de casa y tantos otros. Los bogotanos tenemos que padecer y sufrir las peleas políticas de quienes no piensan en él bien común que permita un desarrollo ordenado de la ciudad.
Tal como está la crispación política en esta ciudad y en el resto del país, es muy probable que quienes lleguen al palacio Liévano no estén de acuerdo con las ejecutorias de a quien sucedió, lo cual se vería reflejado en una falta continuidad, debido a que lo importante no es lo mismo para todos quienes gobiernan tanto en la alcaldía, como los quienes están en el concejo y que les permita cumplir con unos objetivos y metas claras trazadas con antelación. Para mitigar esta realidad, un POT concertado con la ciudadanía y los partidos con representación política en la ciudad sería lo ideal, al fin y al cabo los políticos pasan, pero la ciudad y sus habitantes no. Si, un consenso se puede lograr, solamente se necesita voluntad política.