Publicidad

Acomplejados y resentidos

Javier Ortiz Cassiani
19 de septiembre de 2015 – 09:03 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Los únicos argumentos que salieron de los policías que detuvieron en una calle del centro de Bogotá al joven ebanista negro Carlos Angulo, fue decirle extremista, acomplejado y resentido.

En nuestra sociedad están tan naturalizadas las prácticas racistas en contra de la población negra que, cuando alguien levanta la voz y se queja por la situación, a la gran mayoría les resulta extraño y de inmediato afloran este tipo de comentarios.

Que sepamos, no se llama acomplejados o resentidos a los judíos que invierten fortunas en películas, museos y publicaciones para hacer visible su padecimiento histórico. Nos siguen conmoviendo el cine y la literatura sobre el holocausto y lo consideramos un ejercicio de memoria necesario ante el dolor sufrido. También la cinematografía argentina y chilena —a pesar del fastidio de quienes creen que ese argumento debe ser superado— apuesta por llevar a la pantalla el tema de la dictadura y los desaparecidos.

Sin embargo, vivimos en una sociedad que jerarquiza los dolores, el racismo, la discriminación. Por fortuna, los afrodescendientes actuales no han sufrido la experiencia de la esclavización como la vivieron sus antepasados. Existe, no obstante, una memoria dolorosa del tráfico de millones de hombres y mujeres arrancados de África, en una diáspora forzosa hacia tierras americanas. Una memoria que trae rumores de grilletes y látigos, de cantos de labranza en las minas, del bullicio de puertos, del jadeo de cimarrones en su carrera por la libertad.

Esa memoria de dolor sigue pesando sobre la población negra de ahora porque el trato que reciben cotidianamente, en escenarios públicos y privados, está fundamentado en la naturalización de los prejuicios de antaño que operan en la actualidad. Hay un pasado que pesa, y una sociedad a la que le cuesta hacer el ejercicio de desaprender los prejuicios aprendidos históricamente.

Así las cosas, son totalmente válidas y necesarias las acciones que evidencien esa realidad cotidiana de racismo, y es ridículo llamar acomplejado y resentido a un ciudadano que se atreve a levantar la voz por esta situación. Seguramente, a todos nos resultaría perverso decirle llorón a una persona a la que se le escurren las lágrimas porque sistemáticamente le han reventando los dedos con un martillo.

Cuando los negros haitianos que habían hecho la Revolución miraron hacia Europa buscando el apoyo de los revolucionarios franceses, se dieron cuenta que la fraternidad no aplicaba para ellos; que los derechos a la libertad y la igualdad habían sido incapaces de guillotinar a los prejuicios raciales. “Somos iguales ante la ley, pero escojo a quien requiso y a quien no”; “es normal que lleve prisa, pero mi prisa es sospechosa, la de ustedes no”, decía esa mañana Carlos Angulo a los policías y a los transeúntes.

Además de ofensivo, el racismo fomenta el statu quo, perpetua los privilegios. La Policía, y todas las fuerzas armadas, deben saber que no pueden seguir jugando este juego. Que su compromiso en contra del racismo no es solamente exhibir ocasionalmente los tres o cuatro hombres y mujeres negros que tienen en cargos de dirección dentro de la institución. Eso de nada sirve, si el resto de efectivos, que diariamente salen a las calles, no tienen la preparación necesaria para dirigirse respetuosamente a una persona negra, como lo merecen todos los ciudadanos de cualquier color, condición social, género o preferencia sexual.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido