Armonizar la lucha

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De lo que ha dicho el presidente Iván Duque durante la III Cumbre contra el Terrorismo, que se celebra por estos días en Bogotá, me ha quedado sonando la palabra armonizar. Es importante, pidió respetuosamente el presidente, armonizarnos con las listas de organizaciones terroristas emitidas por Estados Unidos y por los países europeos, de modo que Colombia “pueda detectar oportunamente células de Hezbolá, el Estado Islámico y Al Qaeda, pero también —y en eso hizo énfasis— del Eln y de las disidencias”. Para el presidente, armonizar, por supuesto, es que el Eln y las disidencias de las Farc ingresen también a estas listas. Que eso estaba perfectamente claro y pensado desde el principio lo demuestra el hecho de que la cumbre se haya inaugurado para los días en que se conmemoraba el primer aniversario del atentado del Eln contra la Escuela General Santander, en el que murieron 22 jóvenes cadetes, y que las actividades se realizaran en ese mismo escenario.

En realidad, cuando se trata de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, más que armonizar, el Estado colombiano lo que ha hecho es seguir. Así ha sido desde siempre: desde que la nación mandó marineros y soldados a la Guerra de Corea, pasando por las políticas antidrogas asumidas a rajatabla y por el apoyo oficial de Colombia a la Guerra del Golfo y la Guerra de Irak. Armonizar, en el accionar político del país, no tiene nada que ver con “formar una cosa o un sonido bello o agradable” o “poner en armonía a unas personas con otras”. Pero digamos que ya es parte de la historia que la nación baile al ritmo de una tonada que se toca desde el norte. Quizás a muchos se les hinchará el pecho de orgullo por el hecho de que Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, dijera que “Colombia es el adalid de la libertad en el hemisferio”. Claro, para que colabore en la búsqueda de supuestos miembros de Hezbolá en Venezuela y para que los ayude a derrocar el gobierno de Maduro, el que una oposición torpe, a pesar de todo el apoyo internacional, no ha podido tumbar.

Quizás el gobierno de Duque debería armonizar el apoyo a la lucha contra el terrorismo internacional con las medidas para luchar contra las prácticas terroristas internas. Sí, habló del Eln y las disidencias de las Farc, pero ¿dónde está la reacción contundente —más allá de la común referencia frutal de unas cuantas manzanas podridas— contra el terror que infunden organismos del Ejército colombiano “chuzando”, como en los tiempos del DAS, a periodistas, magistrados y políticos? Que una institución, cuya función constitucional es velar por la soberanía nacional, se ocupe de utilizar una tecnología adquirida con los impuestos de todos los colombianos para espiar a ciudadanos y ciudadanas, y poner esa información al servicio de un partido político —dicho sea de paso, el partido del actual presidente— es lo más execrable. Tal vez son unas cuantas manzanas podridas, señor presidente, pero tienen podrida la caja, el saco o el guacal completo.

A propósito, presidente, aludiendo al gobierno de Maduro, Juan Guaidó —el mismo que llegó a Colombia escoltado por paramilitares y con el que usted tanto armoniza— dijo que “el terror lo genera el Estado a sus ciudadanos, pero también a la región”. ¿No le suena esa idea para su país?

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