Opinión, ¿respetable?

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Nunca antes se había opinado tanto como ahora. Las redes sociales lo han permitido. Twitter, Facebook y algunas otras que se nos escapan, permiten a millones opinar sobre los más diversos asuntos: la polémica publicidad de Pepsi, la guerra en Siria, el partido de James o la última canción de Juanes. Un usuario con pocos seguidores puede ser leído por otro que tenga miles, y si comparte su opinión, de alguna manera validado por otros usuarios que no conocerá jamás. En ese sentido, hay una suerte de democratización inútil de la opinión. Digo inútil porque, en todo caso, tanta opinadera difícilmente cambiará algún estado de cosas. Bien dice mi amigo Nicolás Samper que tener muchos seguidores en Twitter es tan meritorio como ser el alcalde de la ciudad de hierro. De la mano de la opinadera, algunos lugares comunes, uno muy repetido: “Todas las opiniones son respetables”. ¿Sí? Fernando Savater, el escritor, filósofo y novelista español, define aquella frase como un “tópico bobo y falso”. Y es que podría parecer extraño, pero en épocas de tanto Trumpismo alrededor del mundo, poco me parece tan fundamental como desacralizar la opinión. Acudamos entonces a la argumentación de Savater para empezar.

El español da en el centro de la discusión: las personas deben ser respetadas, cualquiera que sea su opinión. Aquel que diga que dos y dos son cinco, no por ello debe ser encarcelado, reprimido o torturado. A ello se refería Voltaire cuando, en otra frase repetida, decía “no estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida para que pudiera decirlo”. Sagrada, entonces, es la vida, no la opinión. Al contrario, lo que necesitamos es refutar, rechazar, incluso ridiculizar la necedad. Ahora que nos invade esta nube maloliente de la corrección política, es mal visto decirle a otro que lo que “opina” es una estupidez. Para los seguidores de esta doctrina, hay que agachar la cabeza y mirar asustado al que diga que el cambio climático no existe o que el genocidio no ha sido más que un invento judío. Y van más allá: hay que oír, con reverencial respeto, a cualquier necio que opine tal cosa y decirle, para que no se sienta agredido, Dios nos guarde, “tú opinión es muy respetable”. Tonterías. Nos recuerda Savater que el precio de vivir en democracia, y de poder, en efecto, opinar, es que esas opiniones pueden terminar sometidas al escrutinio. Nos paraliza el miedo a herir la sensibilidad del necio. Y sobre todo, a ser catalogado, en público, como racista, antisemita o cualquier otro horror.

Y es que validar cualquier opinión con un velo de “respetabilidad” no hace otra cosa que fomentar la pereza mental. Que cualquiera pueda opinar lo que quiera sobre, por ejemplo, las vacunas, y que nadie le pueda decir en la cara que no, que está equivocado y que lo que dice es una estupidez, es perverso, peligroso incluso. Solo es peor que el descrédito la ciega credulidad, recuerda Savater. Un buen campo para explorar esta desgracia es el arte. Y en concreto, los libros. Es mal visto que alguien le diga a otro que lleva un libro de, pongamos, Cincuenta sombras de Grey, “oiga, no pierda el tiempo con esa basura”. Terrible. Corre el riesgo de ser calificado de prepotente, sobradito y “no pues, tan culto”. Y la música. No vaya a cometer el sacrilegio de decir muy duro que Maluma o cualquier ruido insoportable de esos no es música, porque lo gradúan de “matoneador” en jefe, de “uishh” tan irrespetuoso. A uno puede o no gustarle, pero en ningún universo es posible comparar a Louis Armstrong con tanto ídolo de barro condecorado de hoy. Y quien diga lo contrario es un necio. Así que no, ni todos los gustos son respetables, ni todas las opiniones sobre la calidad literaria de las sombras del señor Grey hay que tomarlas en consideración. Al final, dice Savater, decirle a otro que no, que sus opiniones son muy imbéciles, lejos de agredirlo en su integridad, de “apuñalarlo en su inteligencia”, lo que hace es “salvaguardar su cordura”. Empecemos por desmontar las frases pendejas de cajón. Entre gustos, por ejemplo, debe haber disgustos. De otra manera, ¿qué gracia tiene tener a mano la razón?

@espinosaradio

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