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Sin mentiras, alcalde Peñalosa

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Fue en el 2011 cuando la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) declaró unas tierras de Bogotá como Área de Reserva Forestal Productora Regional del Norte de Bogotá D.C. “Thomas Van der Hammen”.

Tardó 11 años en cumplir esa orden, que en el 2000 le había dado el Ministerio de Ambiente, habrá que cuestionar también a la CAR por la demora. Volviendo a la declaratoria, lo que quiere decir, en pocas palabras, es que por norma, en esas 1.395 hectáreas está prohibida la construcción de vivienda nueva, de nuevas vías y, en general, de proyectos de infraestructura que atraviesen la zona y afecten humedales como Torca – Guaymaral y Conejera. Escribo esto por el debate generado en los últimos días por la propuesta, que no es nueva, que hizo el alcalde Enrique Peñalosa de urbanizar la reserva Van der Hammen. Por supuesto, tanto por la forma como por el contenido, muchos ambientalistas, ciudadanos, concejales y rivales políticos, reaccionaron en contra de la propuesta del alcalde.

En octubre del 2015, cuando Clara López Obregón preguntó a Peñalosa si pensaba urbanizar la reserva, el entonces alcalde electo contestó que “la reserva no tiene foresta, sino potreros con vacas. Y pertenece a privados”. Hace unos días, en una reunión con periodistas, volvió a repetir que ese terreno no era más que un potrero, con cultivos de flores, colegios, fábricas y vacas desorientadas. A veces, dicen las abuelas, lo que molesta es el tonito. Y, en este caso, digo yo, también el contenido. Por ejemplo: el alcalde ha insistido en que no hay estudios que muestren que en la reserva hay manantiales subterráneos. “No inventar argumentos”, dijo. Vamos, entonces, por partes.

¿No hay estudios que demuestren la importancia hídrica de la reserva? La CAR tiene un documento titulado Plan de Manejo Ambiental de la Reserva Thomas Van Der Hammen. En el capítulo siete, Componente de Ordenamiento, hace una advertencia: si no se cumple con el plan ambiental, “las actividades de floricultura y dotacionales recreativas demandarán recurso hídrico (agua) que será abastecido por el recurso subterráneo, cuyo uso excesivo disminuirá el nivel freático y el flujo a los humedales, disminuyendo el potencial hídrico subterráneo que servía de reserva para emergencias de abastecimiento en la ciudad”. Traducción: el agua de sus hijos, lector, estaría en peligro. Luego, en la página 11 del mismo capítulo, dice que los humedales naturales y la quebrada La Salitrosa ocupan 9,40 hectáreas de la reserva, es decir, el 0,67% del terreno. No es el único estudio. El profesor del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional, Sergio Gaviria, también estudió el agua subterránea de la reserva y la fertilidad de sus suelos.

En un fragmento clave para esta discusión, en la página cuatro de ese capítulo, dice el informe que las actividades económicas ocupan el 78% de la reserva, reduciendo las áreas naturales de bosques y humedales. Advierte, además, que “los cuerpos de agua naturales han sido objeto de rellenos con escombros, con el propósito de generar superficies construibles o utilizables en usos residenciales y dotacionales”. El agua de la reserva, que existe, ya está en peligro. Alcalde, no soy experto, pero no se necesita serlo para concluir que, cuando menos, su afirmación es inexacta e imprecisa. ¿Seguimos?

Peñalosa también cuestiona, siempre que se le pregunta por qué no recuperar la reserva, de dónde saldrán los 2,5 billones de pesos que costaría -según un avalúo que nadie sabe de dónde salió- comprar los predios privados, algo más de 1.250 hectáreas (a propósito, alcalde, insisto en que sería bueno que nos contara de dónde sale esa cifra). Y es que, según el mismo documento de la CAR, para 2011 había 530,90 hectáreas ocupadas en usos agropecuarios, industriales, comerciales y residenciales. Cierto, pero: en 2015, el entonces alcalde Gustavo Petro, a través de varias resoluciones de la Secretaría de Ambiente, declaró como suelo de “utilidad pública” 1.228 hectáreas de las 1.395 que conforman la reserva. En pocas palabras, el Distrito tendría un camino legal para hacer ofertas a los propietarios de esos terrenos. Los privados tienen que vender, y si se niegan, el Distrito podría sacar un decreto de expropiación. Es decir, alcalde Peñalosa, sí hay alternativas. Nadie niega que hay zonas consolidadas, que la reserva está en peligro por los múltiples usos que actualmente tiene, pero no es cierto que la única alternativa sea la construcción en la reserva. Hagamos el debate, como usted mismo dice, pero “sin inventar argumentos”.

@espinosaradio

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