Neymar y la jaula de oro

Jorge Tovar
23 de julio de 2019 – 06:00 a. m.

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Neymar gana aproximadamente $204.000 cada minuto. Un salario mínimo mensual cada cuatro minutos. A sus arcas entra el generoso salario mensual de un congresista colombiano en algo más de dos horas y media. ¡Que no se enteren! Aun así, Neymar se quiere ir de París. No es el primero atrapado en una jaula de oro.

Sobresalen los casos de dos gigantes de la historia del fútbol mundial: Pelé y Eusebio. Ambos fueron declarados patrimonio nacional por los respectivos regímenes autoritarios. Eran los mejores embajadores posibles y, por tanto, a pesar de la intención siempre clara de Bernabéu de llevarlos al Real Madrid, nunca pudieron salir de Santos ni Benfica.

A cambio, por supuesto, los trataron con especial cariño, particularmente a Pelé, quién se dedicó a viajar por el mundo con el Santos. Se hacían dos pagos en los múltiples partidos amistosos que jugó. Uno para el Santos, otro para O Reí.

En la segunda mitad de los 80 no había mejor fútbol que el de Italia. Allá jugaban Maradona, Platini y cuanta estrella existiese en el firmamento. La excepción era el Real Madrid y la Quinta del Buitre: Butragueño, Michel, Martín Vásquez (quien se iría al Torino) y Sanchís. Pardeza, el quinto, apenas pudo triunfar en el Zaragoza. La orquesta blanca contaba con un finalizador único en el mundo: Hugo Sánchez.

Butragueño era intocable. A tal punto que en una ocasión Mendoza (presidente blanco) recriminó a Beenhakker, entrenador de la orquesta, por haber sentado al genial Buitre en plena Copa de Europa ante PSV: “¿Sabe qué ha hecho?”, preguntó iracundo Mendoza. “Eliminar al campeón de Europa”, contestó el holandés. “Usted está jugando con el patrimonio del club”, sentenció el presidente.

El cariño de la prensa y la afición hacia Butragueño tuvo efecto sobre Hugo Sánchez. Recuerdo aquel programa de medianoche en España (entonces como hoy eran los más escuchados), en el que José María García —la estrella radial del momento—, le preguntaba al mexicano por qué se quería ir al Inter. Entonces, es difícil entenderlo, nadie se iba del Real Madrid. Era el pináculo de la carrera de cualquier futbolista. Respeto, menosprecio, maltrato mediático, decía Sánchez.

Su problema era que él hacía los goles, y los elogios excesivamente eran para Butragueño. Ayer como hoy, el fútbol excelso llega a valorarse más que la simple efectividad. ¿Recuerdan el 6-1 del Barça al PSG? La estrella, sin duda, fue Neymar. Los elogios estuvieron sesgados hacia Messi.

Mendoza solucionó el tema Sánchez subiendo su sueldo. Llega un momento en que un futbolista, ya con dinero, necesita el reconocimiento. Eusebio y Pelé lo disfrutaron. La pataleta de Hugo sirvió, además de para ganar más, para que se le apreciara más. Neymar pensó que ese reconocimiento le llegaría en París, pero en el PSG solo tendrá dinero. Nunca, salvo que sea estrella en una final de Champions, podrá llenar su ego. En el Barça sí, aun al lado de Messi.

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