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Un sistema tributario equi-tativo mejora la distribución del ingreso.
No es así en Colombia; se dan innecesarias exenciones para quienes invierten en sectores altamente rentables, regalos fiscales a los sectores privilegiados, por ejemplo Agro Ingreso Seguro, y altas pensiones de los beneficiarios de los regímenes especiales. El índice Gini en Colombia, después de impuestos, es casi igual al de antes de impuestos. En los países europeos y en Estados Unidos la mejora puede llegar al 12%.
La inversión en la educación superior tiene un alto impacto en la distribución de ingreso y produce externalidades que benefician a toda la sociedad.
Los limitantes económicos al acceso a la educación superior perpetúan las élites y restringen la movilidad social. Cifras de un estudio que está realizando el ingeniero Bogoya, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, ilustran lo anterior.
Los estratos 5 y 6 son el 3,1% de la población. En el año 2009 (últimas cifras disponibles) constituían el 7% de los graduados de la educación superior. En el otro extremo, los estratos 1 y 2 —que son el 63,5% de la población— participaron con el 40%. Lo anterior muestra que la probabilidad de que un estudiante de los dos primeros estratos concluya sus estudios es 3,6 veces menor que si pertenece a los dos últimos. La cobertura en educación superior es del 35%; en los estratos bajos es sólo del 22%.
La justificación de las universidades públicas para obtener una mayor participación del presupuesto nacional es clara cuando se constata que el 53% de sus graduados pertenece a los estratos 1 y 2, y que el 88% de ellos proviene de familias de los tres estratos más pobres.
Las universidades privadas contribuyen a la ampliación de la cobertura educativa. Ante la realidad de un país con mucha población pobre y elevados costos de una educación de calidad, se entiende que los estudiantes sean en su mayoría de ingresos medios; el 62% de sus graduados son de los estratos 3 y 4, el 22% pertenece a los niveles 1 y 2. Los programas de crédito educativo del Icetex contribuyen a que estudiantes de bajos ingresos y buenas notas puedan acceder a la educación superior privada.
Las políticas de subsidiar el crédito educativo con recursos del presupuesto nacional generan una mejor equidad. Algunos analistas ya están objetándolo de acción. Por alguna razón, cuando se dirigen los recursos presupuestales a los más necesitados, se descalifican con el argumento del asistencialismo. Por el contrario, cuando van a enriquecer a quienes no lo requieren, las voces de aplauso van para el “apoyo al emprendimiento de los creadores de riqueza”.
Aunque es políticamente incorrecto, es conveniente estudiar medidas de acción positiva para los “malos” estudiantes. Muchas veces, el hecho de no tener un buen resultado del Icfes se debe a mala infraestructura de los colegios, profesores mal calificados, desmotivados y desmotivadores, carencia en sus hogares de sitio para estudiar, padres que no tuvieron probabilidad de acceder a mayores niveles de educación, grandes distancias del hogar al colegio, etc. Un sistema de crédito que mire no el valor absoluto del resultado académico, sino la evolución de éste, puede ayudar a mejorar el acceso a los sectores más desprotegidos. En estos casos, cursos de nivelación permiten disminuir la deserción y ampliar la cobertura. Estas políticas contribuyen a tener un país más justo y menos desigual.