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EN EL PASADO SIGLO LOS PLANIFICAdores han tratado el problema de la movilidad en la capital. Hay que reconocer que algunas recomendaciones se ejecutaron, como la Avenida de las Américas y la Autopista Norte.
Otras quedaron enunciadas, como la construcción de bulevares periféricos. Revisando las secciones de los diarios de hace 25, 50 años, se encuentran propuestas de construcción de metros, ampliación de las redes de trolleys, los solobuses, los buses gusanos, múltiples ideas sobre avenidas de segundos pisos, longitudinales, orientales y occidentales. Ideas no han faltado; lo que no aparecen son muchas realizaciones. Transmilenio es una excepción. Veinte años atrás el parque automotor en Bogotá escasamente superaba los 200.000 automóviles, por lo cual se pensaba que al restringir el tránsito de autos sólo se afectaba a una pequeña proporción de los bogotanos. La revaluación, los cambios tecnológicos, la reducción de impuestos han democratizado el auto particular: el parque en la ciudad debe estar alrededor de 1’200.000 carros, por lo cual un porcentaje casi mayoritario de la población es usuario del sistema privado de transporte y no parece creer en las bondades del sistema público. Por otra parte, el taxi congestiona lo mismo o más que un carro particular.
Algunas obras que se ejecutan, como por ejemplo reducir el número de carriles en las vías congestionadas, o no mantener los semáforos, si bien pueden parecer absurdas, pueden obedecer a alguna de las siguientes motivaciones.
i. Crear en la ciudadanía la suficiente irritación para que cuando se anuncie la solución definitiva, ésta sea acogida con entusiasmo.
ii. Aumentar la duración de los viajes y en esta forma incentivar el uso de los teléfonos celulares y, al crecer las utilidades de los operadores, obtener mayores impuestos y disminuir el déficit fiscal.
iii. Permitir una mayor duración de los noticieros de radio con las ventajas de estimular la publicidad y el nivel de información.
iv. Reforzar el hábito de la lectura, pero recordando que leer en el carro puede causar desprendimiento de retina.
v. Simple desconocimiento de las leyes de transporte.
Afortunadamente, la oficina de movilidad ha anunciado la solución definitiva al caos vehicular. Ésta no implica construcción de vías o mejoras en el transporte público o aumento en los volúmenes de chatarrización. Es una medida que corresponde a un pensamiento creativo, original y, para estar a la moda, innovativo. La solución es aumentar los horarios de restricción vehicular y ampliar el pico y placa a los sábados. La posibilidad de circulación se irá reduciendo hasta llegar a la solución final. Prohibición del uso de las vías por los automotores.
Bogotá se parecerá a la Pekín de los años 1970, calles vacías de carros y sólo circulando algunas bicicletas. El Gobierno Nacional no podía quedarse atrás de tan original medida, y ya anuncia pico y placa para los puentes. Deben estar felices los propietarios de las aerolíneas y las empresas de buses. La medida se anunció simultáneamente con unos planes —que no realizaciones— de billonarias inversiones en el sistema vial.
Otra original iniciativa es restringir el uso de las vías bogotanas a los automóviles matriculados en otras ciudades. ¿Qué tal que estos reaccionen con medidas similares?
* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.