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Educación

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Un profesor alarmado por los malos resultados de sus estudiantes les dice: “Para el próximo bimestre todos deben tener un puntaje por encima de la media”.

Esto es un imposible matemático. Este viejo cuento viene a la memoria, cuando el presidente Santos fija como meta educativa que Colombia va a ser el país más educado de la región en 2034.

Aunque matemáticamente no es imposible, sí es poco probable, en parte porque tiende a suponer que los países vecinos, que nos llevan varios cuerpos de ventaja, van a reducir sus esfuerzos para que podamos cumplir la loable meta. Puede ser más adecuado proponer objetivos del tipo: en 2034 el 50% de los bachilleres pueden comprender lo que leen o realizar operaciones sencillas de aritmética; hoy, los porcentajes son inferiores al 20%.

La meta de reducción del analfabetismo es más específica: en el período 2014-2018 se reducirá del 5,7% al 3,2%. Algunos diarios titularon: “En 2018 acabará el analfabetismo”. La ONU considera que niveles del 3% de analfabetismo son sensiblemente equivalentes a su erradicación. Sin modificaciones profundas en la educación básica y media, el analfabetismo funcional seguirá siendo alto.

Medio siglo atrás, Alberto Lleras reconocía la precariedad de nuestro sistema de enseñanza media en lo referente a la comprensión de lectura, y decía: “Por lo pronto yo me contentaría con que la universidad le enseñara al estudiante a articular, en la modestísima acepción de unir y enlazar las palabras hilvanando los escritos para entrar en fácil comunicación con su prójimo”.

La ministra de Educación informó que los bachilleres del Sisbén 1, 2 y 3 con puntajes superiores a 310 en la prueba Saber 11, lo que los hace merecedores de préstamos que pueden ser condonables para sus estudios universitarios, provienen de los departamentos de Nariño, Boyacá y Santander. Puede parecer extraño que no sean de Bogotá o Medellín, ciudades que han proclamado éxitos en su política educativa. Sin embargo, los resultados son consistentes con los obtenidos por Javier Moreno, quien desarrolla una idea de Jorge Orlando Melo. Los resultados de la política pública de educación deben medirse sólo por los obtenidos en las instituciones públicas. Cuando se incluyen los colegios privados de ciudades como Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, éstos se sitúan en los primeros lugares. Muchos colegios privados tienen niveles académicos comparables a los mejores de los países desarrollados. Igualmente, sus valores de matrícula y otros aderezos pueden superar los de los países de primer mundo, y triplican el costo de las matrículas de universidades privadas colombianas.

En las pruebas Saber 11 de 2013, los mejores puntajes en matemáticas y lenguaje en los colegios públicos fueron obtenidos en La Unión (Nariño), Iza (Boyacá), Entrerríos (Antioquia), San José de Miranda (Santander) y Colón (Nariño). Bogotá aparece en el puesto 101; Medellín no lo hace mejor: puesto 138; Cali ocupa el 243. Las ciudades de la región Caribe muestran posiciones decepcionantes: Barranquilla, 411; Montería, 374, y Cartagena, 727.

A nivel departamental, los resultados son: Santander, el primer lugar, seguido por Boyacá y Bogotá D.C.; Antioquia, el undécimo puesto, y Caldas, el decimotercero.

Los resultados parecen confirmar la hipótesis: que la mejor educación básica es la enseñanza por profesores cercanos social y geográficamente a sus alumnos.

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