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UNO DE LOS GRUPOS MÁS AFECTAdos por la crisis financiera internacional son los pensionados y los empleados afiliados a los sistemas de ahorro pensional.
En el año 2008 cerca de la tercera parte del valor de sus ahorros se perdió con el inevitable efecto sobre su ingreso futuro. Si los portafolios de inversión tenían mayor peso en acciones del sector financiero, parte americano o europeo, la pérdida fue mayor. En Colombia los Fondos de Pensiones no presentaron pérdidas nominales, aunque en términos reales, descontada la inflación, los ahorros perdieron valor.
Durante la euforia que antecede la caída del precio de las acciones, y de los productos básicos, economistas como Paul Krugman llamaban la atención de sobrevaloración de éstas. Nouriel Roubini alertó en varias ocasiones en relación con la fragilidad del sistema financiero, cuyos activos estaban representados por paquetes de hipotecas de alto riesgo. Benoit Mandelbrot y Richard Hudson, en su libro El (mal) funcionamiento de los mercados, mostraba, utilizando series de 150 años, cómo las crisis son más frecuentes que lo que muestra una distribución normal de éstas. Los cataclismos de baja probabilidad ocurren. Señalaba igualmente que la simple diversificación del portafolio de inversiones no ofrecía seguridad total. En los períodos críticos las bajas de unos activos iban acompañadas, o precipitaban, la caída de otros. En períodos de normalidad el comportamiento es contrario.
Los indicadores de la evolución del mercado accionario en los Estados Unidos mostraban gran similitud con la evolución en el Japón en los años 90. Los investigadores alertaban sobre la posibilidad de producirse una caída similar a la de este país que conllevó una prolongada recesión. La similitud se extendía también al mercado inmobiliario.
Paul Krugman en la década de 1990, al analizar los factores de producción de las economías del sudeste de Asia, vaticinó con acierto que la productividad llegaría a su límite y se produciría una crisis financiera, de mediana duración mientras se producía el ajuste.
Algunas instituciones tomaron en serio los análisis de los académicos y salieron de activos relacionados con el sector hipotecario y limitaron el riesgo aceptando que las correlaciones de precios de los activos pueden ser positivas.
La historia de los precios de los productos básicos, en particular del petróleo, permitía avizorar que niveles de US$150 por barril eran insostenibles, no sólo por el efecto económico, sino por el incentivo a las energías alternativas y en particular por hacer viable la explotación de las arenas asfálticas. El resultado sería convertir a Canadá y Venezuela en los países con mayores reservas explotables de hidrocarburos. Una situación similar se produjo en la década de 1980.
Los inversionistas que no corrieron con buena suerte fueron los que siguieron las indicaciones de algunos asesores y corredores de bolsa que se limitan a decir, si el precio de un bien está subiendo, seguirá subiendo, por lo tanto compre, y al contrario si está bajando venda, seguirá bajando. Cómo les sería de útil a éstos conocer la existencia de los ciclos económicos y de los componentes estructurales de la economía.
La actual crisis, nuevamente, pone en tela de juicio el papel y la responsabilidad de algunas empresas calificadoras de riesgo y de no pocas firmas de auditoría.
* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano