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Felicidad

José Fernando Isaza
11 de diciembre de 2013 – 05:00 p. m.

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Las encuestas sobre la percepción de felicidad en los distintos países ponen a Colombia como uno de los más felices del planeta.

 Los indicadores objetivos como concentración del ingreso, violencia, frágiles instituciones, niveles de salario etc., hacen pensar que no hay bases para un resultado subjetivo tan favorable. Aceptando que las muestras estén correctas, algunas hipótesis pueden esbozarse para explicar el honroso lugar.

La gente está aprendiendo a responder en forma políticamente correcta. No pocos de nuestros dirigentes nos atosigan con un mensaje propio de los malos libros de autoayuda: somos el país más lindo del mundo, el de mayor biodiversidad, lo mejor de Colombia es su gente, somos el tesoro escondido más apetecible del orbe, tenemos el mejor Congreso, tanto que tiempo en tiempo lo llamamos admirable, nuestro sistema judicial es reconocido internacionalmente, tenemos una Procuraduría que hace palidecer de envidia los otros países, nuestra infraestructura física es motivo de orgullo, nuestra clase dirigente política y empresarial es ejemplo a seguir en el concierto de naciones, etc. Ante tan abrumador sartal de imprecisiones el encuestado no se atreve a decir que no vive feliz en tan semejante paraíso.

Otra hipótesis es la traición cristiana del mérito por sufrimiento. Estamos en un valle de lágrimas, entre más sufrimos en esta vida mayor será la recompensa en la otra. En las hagiografías muchos santos afirman que su sufrimiento los hace felices pues les sirve para expiar sus pecados y de la humanidad y así alcanzar la vida eterna.

El informe Pisa muestra un resultado que recuerda la diferencia entre felicidad objetiva y subjetiva. Colombia ocupa una posición muy destacada, el quinto lugar, en el porcentaje de los estudiantes que dicen estar felices en la escuela. Malos resultados académicos, pero eso sí el 92% son felices. En Perú, que afortunadamente para Colombia le fue peor en las pruebas de conocimientos, sus jóvenes son un poco más felices que los nuestros. Tanta felicidad es difícil de explicar por la calidad de la enseñanza, ambientes amables, el matoneo, etc.

Una caso interesante es Finlandia, que de obtener el primer puesto en matemáticas, baja la posición al 12, el 65% de sus estudiantes responde que está feliz en la escuela. Finlandia llegó a ocupar las primeras posiciones con una combinación de políticas: reconocimiento salarial y social a los profesores, incentivos de becas para que los mejores estudiantes se orientaran hacia la docencia, un sistema no selectivo y no punitivo, los mejores rectores y profesores se enviaban a los colegios de menor desempeño, reconocimientos al logro y bajo estrés al estudiante. El currículo de matemáticas se concentró en pocas áreas reforzando los conocimientos y no tratando de abarcar mucho, como en Colombia.

El modelo finlandés parece estar agotándose, se ha reducido la motivación de los buenos profesores para trabajar en los colegios con más dificultades. Se ha detectado desmotivación en los profesores de matemáticas para desarrollar un currículum que no les ofrece retos intelectuales.

El sistema finlandés, no debe desconocerse. Finlandia pasó de ser un país del montón en educación a ser el líder en matemáticas, y hoy sigue en una posición más que aceptable. Tan pronto conocieron los resultados están diseñando políticas que los haga regresar al liderazgo.

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