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Cuenta una leyenda que los habitantes de Frigia consultaron el oráculo para escoger su rey.
Eligieron a un labrador, quien entró por una puerta señalada. En agradecimiento ofreció su carro, toda su fortuna, al templo de Zeus atando la lanza y el yugo con un nudo tan complicado que era imposible de desatar. Alejandro Magno en su campaña para conquistar Asia pasa por Frigia, conoce la leyenda, que dice que quien desate el nudo tendrá como trofeo la conquista. Como no lo pudo desatar, lo corta con su espada. Con truenos Zeus manifiesta su acuerdo con esa solución, es igual cortar que desatar.
La expresión “cortar el nudo gordiano” significa resolver un problema con soluciones no obvias. El nudo gordiano del proceso de paz, parece ser la refrendación de los acuerdos que se concreten en la mesa de La Habana entre el Gobierno y las Farc. El presidente ofreció que consultaría con el pueblo, para que este defina si acepta o no lo acordado.
Se plantean diferentes alternativas: que el Congreso refrende uno por uno de los puntos, o en un “fast track” lo apruebe o no. Que un “congresito” haga la tarea; que el “congresito” esté constituido sólo por miembros del Congreso o también por personas externas a ese cuerpo legislativo. Se plantean consultas populares, referendos, plebiscitos. Las Farc y el Centro Democrático proponen una Constituyente que refrende lo negociado. Existe doctrina de la Corte Constitucional, con el sentido que no hay “constituyente limitada”: si se convoca puede modificar la Constitución en aspectos que no tengan que ver con el acuerdo. Para Uribe sería la posibilidad, si logra controlarla, de habilitarlo para que cumpla su objetivo de perpetuarse en el poder; para las Farc sería la opción de modificar la estructura del Estado en aspectos que no fueron objeto de la negociación.
Un problema que tienen en común el referendo y la consulta popular es el umbral de votación, la cuarta parte del censo electoral; otro es que el elector debe pronunciarse punto por punto sobre las reformas que requieren los acuerdos de La Habana. ¿Qué pasaría si se aceptan unos y otros no?
El plebiscito requiere un umbral más estricto. Debe ser aprobado, no solo votado, por la mitad del censo electoral; este umbral es casi imposible lograr. La ventaja es que el sufragante se pronuncia sobre una política pública; en este caso “acepta o no el acuerdo”, sin entrar en la discusión de cada componente.
El nudo podría desatarse formulando la pregunta del plebiscito en la siguiente forma: “¿Rechaza usted el acuerdo logrado entre el Gobierno y las Farc, para desmovilizar la guerrilla?”. Difícilmente ser lograría el umbral, no habría por parte del Gobierno campañas masivas para la votación y puede haber votos negativos, que aprueban el acuerdo. En sana lógica, si no se logra el umbral debe entenderse que el pueblo rechazó la pregunta, es decir se aprueba el acuerdo de paz.
Al país se le ha consultado sobre el apoyo al proceso. Los votos que le permitieron a Santos derrotar al candidato uribista los aportaron la izquierda y el centro izquierda e independientes que respaldan las negociaciones de paz. En las pasadas elecciones fue contundente la derrota del partido político cuyo caudillo considera que lo aceptable es la guerra y que la paz debe ser el fruto de una derrota militar que no lo logró, a pesar del daño institucional que le hizo al país su política del todo vale.