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La burbuja de gas

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En los últimos 5 años se ha producido un cambio tecnológico que obliga a revisar las políticas energéticas: la producción de gas no convencional que está localizado en los esquistos bituminosos y en los mantos de carbón.

Un siglo atrás se explotaba con bajos niveles de producción y alto costo. Con técnicas de perforación horizontal se inyecta agua a alta presión con químicos y arena que fracturan los depósitos, permitiendo la liberación del metano. En EE.UU. y en Australia la producción de este gas está creando una nueva realidad. En EE.UU. los precios del gas natural se han reducido de un promedio de US$16 por mil pies cúbicos en 2005, a cerca de US$2. La producción total de gas que se proyectaba decreciente, gracias a este nuevo recurso ha subido de 70 billones de pies cúbicos diarios en 2008 a 82 billones en 2012. En Australia la producción de gas de esquisto suministra la tercera parte del consumo doméstico. La reconversión de las instalaciones de regasificación de gas que se construyeron en EE.UU. para poder importar el gas natural licuado, hoy está sometida a estudio para poder exportarlo. Con humor se pregunta: ¿debería EE.UU. ingresar a la OPEP? Las reservas de gas permitirán atender la demanda de un siglo. En Colombia estas reservas se están evaluando y hay producción piloto.

Existen interrogantes sobre el impacto ambiental de la producción a gran escala de este gas no convencional. Sobre el uso de grandes volúmenes de agua, recurso escaso, algunos países exigen que una vez utilizada se purifique retirándole los químicos. El método usado es ósmosis inversa, el mismo costoso sistema empleado en desalinizar agua de mar. Otro riesgo es la contaminación de fuentes de agua subterráneas localizadas a baja profundidad, afectando su uso humano y agrícola. Cuando se usa como combustible, el metano o gas natural produce un 50% menos de gas de invernadero anhídrido carbónico que la combustión del carbón. Cuando se emplea como sustituto de la gasolina también tiene el efecto de reducir la emisión de gases de invernadero. El problema es que cuando se emite el metano directamente a la atmósfera, el efecto sobre el calentamiento global es desastroso: un volumen de gas natural tiene el mismo efecto sobre el calentamiento atmosférico que 40 volúmenes de anhídrido carbónico. Por lo cual, si en el proceso de fractura hidráulica una parte del metano, así sea mínima, es arrojada a la atmósfera, lejos de ser ambientalmente sano, es nocivo. Si la combustión en los motores no es perfecta o si hay escapes en los tanques y tuberías, el efecto es igualmente perverso. Uno de los mayores riesgos de la producción de gas con técnica de fractura hidráulica es el aumento de los terremotos. La forma de producción resquebraja placas subterráneas. Los terremotos de grado 3 y superiores en EE. UU. se incrementaron seis veces en 2011 con relación al promedio del siglo XX. Los temblores en el eje Washington-Filadelfia-Nueva York el año pasado, en zona de baja sismicidad, se han atribuido a la fractura hidráulica. Sin embargo, un estudio del MIT de 2011 dice que “los impactos ambientales del desarrollo del gas de esquisto presentan riesgos, pero éstos son manejables”. Colombia, productor de carbón y gas, debe analizar las implicaciones de esta nueva realidad; una de ellas, la pérdida de competitividad del carbón.

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