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“Laudate Si” II

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El papa Francisco retoma, en la encíclica, la crítica que se le hace a la tradición judeocristiana de propiciar el uso absoluto de los recursos naturales por parte de los seres humanos.

La Biblia es clara al autorizarlo: “dominar los peces del mar, los animales domésticos y todos los reptiles”. Los hinduistas tienen una mirada diferente sobre la relación del hombre con los otros seres vivos, el hombre es una especie como las otras y después de la muerte puede transformarse en una de ellas. El papa, para zanjar este problema, recurre a una interpretación diferente de la que se desprende de la lectura de los textos, quitándole fuerza al significado de “dominación”.

La encíclica no atenúa la doctrina de la Iglesia sobre el control de la natalidad. El mandato bíblico “sed fecundos y multiplicados y llenad la tierra y sometedla” puede justificar la superpoblación y la opresión de la naturaleza. La especie humana crece a tasas que ponen en riesgo muchos ecosistemas; además, el consumo de recursos por habitante aumenta a medida que las sociedades adoptan los valores de la modernidad. Los avances tecnológicos alejan la hecatombe predicha por Malthus y hoy la capacidad sostenible de la población puede llegar a 9.000 millones. Pero es extraño no aceptar que una razonable tasa de crecimiento de la población es una eficaz herramienta de mejoramiento ambiental.

La encíclica es prudente con relación al uso de los cereales genéticamente modificados: acoge los estudios que señalan que hasta ahora no ha sido probado el efecto negativo de su consumo. Menciona el resultado perverso de la producción y comercialización de estas semillas, al imponerles restricciones y costos adicionales a los pequeños agricultores, obligándolos a dejar la tierra. Al leerlo, se recuerda la absurda e injusta quema de semillas, ordenada por el Gobierno, a los agricultores de Tolima y Huila, los cuales a pesar de ser propietarios de sus semillas no las podían utilizar pues violaban el TLC con USA.

Con relación a los bonos de emisión de anhídrido carbónico señala que no reducen las emisiones de gases de invernadero y propician la especulación. En realidad, con los precios actuales de los bonos —U$ 8/tonelada—, no hay ningún incentivo para reducir la contaminación; se pueden comprar muy baratos. La idea original de los precios era bien diferente —U$40-50/tonelada—, lo cual incentivaba el ahorro y permitía el desarrollo de proyectos ecológicamente amigables como generación eólica o siembra y conservación de bosques. Las cotizaciones reflejan políticas laxas de emisión de gases de invernadero.

Con respecto a temas difíciles como la investigación en embriones y el aborto, considera igual un embrión y un ser humano. Un embrión es un “potencial” de ser humano, pero no es una persona. Si así fuera, el celibato sería censurable de acuerdo a la luz de la doctrina pues reduce potenciales “seres humanos”. Es bueno recordar que asimilar un embrión a un ser humano no ha sido una permanente tradición católica. Santo Tomás pensaba que el feto (mucho más estructurado que un embrión) no era persona antes de la sexta semana de embarazo, período en el cual dios unía el alma al cuerpo y así el feto se convertía en persona. Esta doctrina se mantuvo hasta el siglo XIX cuando se modificó para que el dogma de la inmaculada concepción tuviera relevancia.

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